En abril de 1972, regresó el Apolo 16 de su viaje a la luna. Tuvieron algunos problemas, pero de inmediato fueron reparados desde Cabo Kennedy. Abel Quezada, que dibujaba para el Excelsior, tuvo la descabellada idea de pensar que la nave descompuesta -al aterrizar- se les hubiera quedado atorada en el periférico…

Nave

Sí, a lo mejor exageró, pero es una de esas ideas apocalípticas sobre el periférico… ¿Y qué pasaría si las naves de La Guerra de Los Mundos salieran del periférico? ¿Y si el periférico lo convirtieran en el marchódromo? Miles perderían aun más horas de las que ya pierden con el tráfico tradicional.

Debemos aceptar algo, el anillo periférico es el jefe hegemónico de las avenidas de la ciudad. Para llegar de Satélite a Tlalpan puedes tomar 3 o 4 rutas distintas -a veces más rápidas- pero preferimos usar siempre la ruta que delinea (más o menos) a la ciudad. El periférico es vital, es indispensable, está en nuestro top ten de iconos de identidad.

Sin embargo, no estuvo ahí desde el inicio de nuestros tiempos; su existencia la atribuimos a don Ernesto P. Uruchurtu, odiado por tantos y amado por muchos más. Uruchurtu fue el Jefe del Departamento del DF (regente, pues) en los sexenios de Ruiz Cortines, López Mateos y Díaz Ordaz.

Quienes lo recuerdan dicen que fue una especie de superman mexicano: combatió el influyentismo, el ambulantaje, impuso los taxímetros, y sobre todo comenzó la construcción del anillo periférico (y otras vialidades).

Uruchurtu renunció a su cargo en 1966, se dice que Díaz Ordaz lo despidió por tener diferencias con él, aunque también hay versiones de que tenía enfrentamientos con los líderes basureros, y que se oponía a la construcción del Metro.

También pudo haber sido capturado por naves extraterrestres que se quedaban atoradas en el periférico, y lo obligaron a renunciar.

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