La propiedad aun existe, cuando gusten pueden verla en la esquina de las calles Francisco I Madero junto con Bolívar… queda una esquina del majestuoso palacete que debió ser en otra época, ahí, ahí cuenta la leyenda.. sobre Bolívar que en aquel entonces llevaba otro nombre… era la calle de Don Juan Manuel.
¿Desean conocer la Leyenda?
Hace muchos años —cuenta la tradición— que vivía en esta Calle un hombre muy rico, cuya casa quedaba precisamente detrás del Convento de San Bernardo. Este hombre se llamaba Don Juan Manuel y se hallaba casado con una mujer tan virtuosa como bella. Pero aquel hombre, en medio de sus riquezas y al lado de una esposa que poseía prendas tan raras, no se sentía feliz a causa de no haber tenido sucesión.
La tristeza lo consumía, el fastidio lo exasperaba y para hallar algún consuelo, resolvió consagrarse a las prácticas religiosas, pero tanto, que no conforme con asistir casi todo el día a las iglesias, intentó separarse de su esposa y entrar fraile a San Francisco. Con este objeto, envió por un sobrino que residía en España, para que administrase sus negocios. Llegó a poco el pariente y pronto también concibió D. Juan Manuel celos terribles, tan terribles que una noche invocó al diablo y le prometió entregarle su alma, si le proporcionaba el medio de descubrir al que creía lo estaba deshonrando. El diablo acudió solícito, y le ordenó que saliera de su casa a las once de esa misma noche y matara al primero que encontrase. Así lo hizo D. Juan, y al día siguiente, cuando creyendo estar vengado, se encontraba satisfecho, el demonio se le volvió a presentar y le dijo que aquel individuo que había asesinado era inocente pero que siguiera saliendo todas las noches y continuara matando hasta que él se le apareciera junto al cadáver del culpable.
D. Juan obedeció sin replicar. Noche con noche salía de su casa: bajaba las escaleras, atravesaba el patio, abría el postigo del zaguán, se recargaba en el muro, y envuelto en su ancha capa, esperaba tranquilo a la víctima. En medio de la obscuridad y del silencio de la noche, se oían lejanos pasos, cada vez más perceptibles: después aparecía el bulto de un transeúnte, a quien, acercándose D. Juan, le preguntaba:
- Perdone usarcé, ¿qué horas son?
- Las once.
- ¡Dichoso usarcé, que sabe la hora en que muere!
Brillaba el puñal en las tinieblas, se escuchaba un grito sofocado, el golpe de un cuerpo que caía, y el asesino, mudo, impasible, volvía a abrir el postigo, atravesando de nuevo el patio de la casa, subía las escaleras y se recogía en su habitación.
La ciudad amanecía consternada. Todas las mañanas, en dicha calle, recogía la ronda un cadáver, y nadie podía explicarse el misterio de aquellos asesinatos tan espantosos como frecuentes.
En uno de tantos días muy temprano, condujo la ronda un cadáver a la casa de D. Juan Manuel, y éste contempló y reconoció a su sobrino, la que tanto quería y al que debía la conservación de su fortuna.
D. Juan al verlo, trató de disimular; pero un terrible remordimiento conmovio todo su ser, y pálido, tembloroso, arrepentido, fue al convento de San Francisco, entró a la celda de un sabio y santo religioso, y arrojándose a sus pies, y abrazándose a sus rodillas, le confesó uno a uno todos sus pecados, todos sus crímenes, engendrados por el espíritu de Lucifer, a quien había prometido entregar su ánima.
El reverendo lo escuchó con la tranquilidad del juez y con la serenidad del justo, y luego que hubo concluido D. Juan, le mandó por penitencia que durante tres noches consecutivas fuera a las once en punto a rezar un rosario al pie de la horca, en descargo de sus faltas y para poder absolverlo de sus culpas.
Intentó cumplir D. Juan; pero no había aún recorrido las cuentas todas de su rosario, la primera noche, cuando percibió una voz sepulcral que imploraba en tono dolorido:
- ¡Un Padre Nuestro y un Ave María por el alma de D. Juan Manuel!
Quedóse mudo, se repuso enseguida, fue a su casa, y sin cerrar un minuto los ojos, esperó el alba para ir a comunicar al confesor lo que había escuchado.
- Vuelva esta misma noche - le dijo el religioso - considere que esto ha sido dispuesto por el que todo lo sabe para salvar su ánima y reflexione que el miedo se lo ha inspirado el demonio como un ardid para apartarlo del buen camino, y haga la señal de la cruz cuando sienta espanto.
Humilde, sumiso y obediente, D. Juan estuvo a las once en punto en la horca; pero aún no había comenzado a rezar, cuando vio un cortejo de fantasmas, que con cirios encendidos conducían su propio cadáver en un ataúd.
Más muerto que vivo, tembloroso y desencajado, se presentó al otro día en el convento de San Francisco.
- ¡Padre - le dijo - por Dios, por su santa y bendita madre, antes de morirme concédame la absolución!
El religioso se hallaba conmovido, y juzgando que hasta sería falta de caridad el retardar más el perdón, le absolvió al fin, exigiéndole por última vez, que esa misma noche fuera a rezar el rosario que le faltaba.
Que fue del penitente, lo dice la leyenda. ¿Que paso allí? Nadie lo sabe, y sólo agrega la tradición que al amanecer se encontraba colgado de la horca pública un cadáver, era del muy rico Sr. D. Juan Manuel de Solórzano, privado que había sido del Marqués de Cadereita.
El pueblo dijo desde entonces que a D. Juan Manuel lo habían colgado los ángeles, y la tradición lo repite y lo seguirá repitiendo por los siglos de los siglos. Amén.
No es la única leyenda que la ciudad de México tiene y que aun pueden verse resquicio de lugares que se mencionan, la cuestión es conocerlos, viajar dentro de la ciudad y maravillarse con su contenido, para saber así como se debe Vivir México.






como me gusta esta seccion de leyendas. Gracias por comentar.
Hola Lucero
tranquila… necesitas ayuda?
Necesito aclarar algo: La casa de don Juan Manuel no está ubicada en Bolivar y Madero, sino en la actual Uruguay, a media cuadra de 20 de noviembre y a dos cuadras al sur de la plaza de la Constitución (el zócalo). Tuve la oportunidad de entrar y platicar con su cuidador, quien me mostró el patio y algunas habitaciones. Lo que queda de la casa (pues el resto son locales comerciales) es propiedad de los dueños de el restaurante “las gaoneras” y de una fábrica de hilos. El patio lo rentan para fiestas y banquetes.
Es una casa de tres plantas y fachada de tezontle rojo, portón y se le añadió un elevador. Los interiores son sobrios. Me hace pensar que lo que queda de la casa es el lugar donde se cuidaba caballos y carroajes, pues tienen un bebedero en forma de media luna y un anillo de piedra cantera de donde se sujetaban las riendas de los animales.
Felicidades y gracias.
ESTA LA LEYENDA LA VI EN LO QUE LA GENTE CUENTA Y ESTA MUY BUENA.
MIREN LO QUE LA GENTE CUENTA.
La Casa de Don Juan Manuel es patrimonio nacional. Tuve la oportunidad de ir hace algunos anos y quede sorprendido de su belleza arquitectonica. El edificio es propiedad de la acaudalada familia Barroso. En los 2 primeros pisos hay oficinas de varias empresas de los Barroso y los Barroso tambien son ganaderos por lo que en el tercer piso hay un museo taurino de primera calidad.
Sin duda un gran monumento.
yfkmd
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hola bueno esta leyenda es verdad yo lo se por que don juan manuel era mi familear osea q soy de su sangre practicamente bueno eso era todo
cuidense …………
a y todo familear sigue las tradiciones’****…….
Hola buenas noches,sin duda un lugar muy bonito y esta leyenda pf!yo tube la oportunidad de hacer su siio web y constantemente estoy ahi,tomanado fotos!=)