Las campañas se han terminado. Sin embargo, todos tenemos recuerdos de ellas, y no me refiero a los gritos estentóreos de algunos de los candidatos, ni al aluvión de descalificaciones de todos los bandos. Es otro tipo de basura. Me refiero a la propaganda electoral que tapiza nuestras calles, que inunda nuestros buzones, y que nos brinca a la cara ante cualquier golpe de viento.
Nuestra hermosa Ciudad de México esta tapizada de cientos de anuncios con caras sonrientes. 100 mil toneladas para ser precisos. El doble que en las elecciones del 2000. Los partidos no solo gastan nuestros recursos en generar tal cantidad de propaganda, en el momento que esta se convierte en basura, las delegaciones gastan nuevamente para poder retirarla.
Actualmente se esta tratando de dar pie a un convenio cuyo punto de acuerdo es que los partidos retiren toda su propaganda en los 30 días subsecuentes a la elección. Algo que ya esta contemplado en el Código Electoral.
El Gobierno del Distrito Federal ha pasado facturas que ascienden a $1.5 millones de pesos, únicamente en concepto del retiro de propaganda de lugares prohibidos y la retirada a solicitud del IFE en algunos casos para la instalación de casillas o por ser improcedente su forma y uso. El costo por el retiro del resto de propaganda, que constituye por mucho la mayor parte, aun no esta determinado.






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