Siempre me ha parecido curioso cómo se resuelven las cosas en este país, no siempre de un modo justo. Ayer nos enteramos de dos cosas que parecen, precisamente, bastante injustas. Por un lado, nos enteramos de la liberación de Óscar Espinosa Villarreal, debido a un simple tecnicismo; por el otro, la situación que vive Leonora Carrington, que se adhirió a un programa de donación de su obra para quedar “a mano” con Hacienda.

El programa no es nuevo, e implica que un artista ceda parte de su obra a la nación (por vía directa como donación a un museo, o indirecta, vía la Secretaría de Hacienda –y adivinen quién confía lo suficiente en Hacienda como para optar por esta vía) para saldar sus adeudos fiscales.

Es injusto, porque una persona nefasta para la ciudad y para el país podrá salir a la calle y gastar impunemente su dinero malhabido, mientras un artista, una persona que hace algo por este país, se ve absolutamente obligado a pagar o va a la cárcel.

Lo único bueno que veo de esta situación es que ahora podremos observar más piezas de Leonora Carrington en el Museo de Arte Moderno (MAM).

Ya antes hablé de que de por sí hay pocos incentivos para el arte. Esto se suma a esa lista. Y luego hay quien se pregunta porqué todo el mundo prefiere irse al extranjero…

(Via El Universal)