Vaya, no quisiera verme demasiado pesimista o apocalíptico, aunque ya antes me imaginé a la ciudad sumergida en las aguas negras que generamos todos a diario. Más bien me gustaría pensar que lo que voy a contar va a servir para que podamos estar prevenidos y así tomar precauciones antes de que ocurra una desgracia (hey, Bush, did you hear me?).

Estaba leyendo en El Universal hace unos días sobre el Atlas de peligros geológicos del DF, elaborado por el Servicio Geológico Metropolitano, bajo la coordinación del doctor Armando García Palomo, investigador del Instituto de Geología, en el cual se reúnen las condiciones geológicas de la ciudad, con lo que podemos darnos cuenta de varias cosas importantes.

Por un lado, hace mucho quedó claro que somos susceptibles a los temblores, originados la mayor parte en el Pacífico. Sin embargo, señala también el informe:

el D.F. también está expuesto a sismos originados en Tehuacán, Puebla; Venta de Bravo, en el límite de Michoacán, y el Estado de México, e incluso en zonas dentro de su mismo territorio (García Palomo y su equipo han reconocido decenas de fallas activas en las sierras de Las Cruces, de Guadalupe y Nevada).

Por otro, aunque lo hemos visto sólo de lejos, el vulcanismo es otro peligro asociado con la Ciudad de México, ya que

muchas montañas que limitan la cuenca donde se asienta son de origen volcánico, como las de la sierra Nevada (Popocatépetl) y de la sierra de Chichinautzin (con volcanes monogenéticos activos similares al Paricutín, en Michoacán). Además, dentro de la misma cuenca, hay otras “prominencias topográficas”, como la sierra de Santa Catarina, la sierra de Guadalupe, el Peñón de los Baños y el cerro El Pino. Esto propicia que la precipitación que escurre por las altas pendientes cause inundaciones.

El último peligro, que crece debido a la explosión demográfica de la ciudad, se debe al poblamiento de las partes altas del D.F. Advierte el doctor García Palomo:

“Si continúa este crecimiento hacia las partes altas, que son zonas de recarga de agua, disminuirá el nivel de los acuíferos. Esto podría tener relación con hundimientos y agrietamientos del suelo. De ahí que sea necesario evaluar dichas zonas para fundamentar políticas públicas de planificación y ordenamiento territorial”

En resumen, la ciudad no vive su mejor momento, pero estamos a tiempo de hacer algo, para luego no salir simplemente con que ya se sabía lo que iba a pasar pero no estábamos preparados. Habrá que leer con calma el informe del Servicio Geológico Metropolitano y junto con ellos tomar las medidas necesarias antes.