
Para terminar con el día de las obras al vapor, que diga, la inauguración de obras, me acabo de enterar por Reforma (que ya saben que no deja enlazar sus contenidos) que Alejandro Encinas (¿les suena el nombre?) inauguró ayer el Museo Espejo de Agua, que “propone un recorrido vivencial y prevé incluir un santuario de ajolotes, la especie más característica de los lagos mexicanos”, dijo Marcos Límenes, curador del proyecto.
El museo, de 380 metros cuadrados, ubicado en el parque de Mestizaje, en el cual habrá una pieza del escultor Roberto Turnbull que permitirá al visitante sentarse y escuchar el agua, hablará de cómo se transformó la cultura lacustre durante los tiempos de la Colonia, y su posterior y permanente deshidratación hasta nuestros días, recordando cómo esta ciudad estaba hasta hace poco todavía rodeada por ríos y canales, como el de La Viga y Xochimilco.
El proyecto en sí me parece maravilloso, pero… lo que se entregó fue apenas la obra negra, faltan los detalles, que comenzarán hasta que la nueva administración autorice recursos por unos 2 millones 800 mil pesos, supuestamente ya pactados. Así que no será sino hasta el año entrante, si todo sale según lo planeado, que veremos funcionar este museo.
Yo me sigo preguntando cuál es la prisa por entregar obras, y si no sería más sensato entregarlas completas. Lo único que espero es que ya no me den más motivos para hablar de esto hasta que termine el año.

