Hace unos días encontré una noticia que al terminar de leer me dejó helado, tan sólo de imaginar vivir lo que relata Shie Gilbert, uno de los sobrevivientes del Holocausto:
El horror fue a tal grado que nadie puede decir cómo logró salir de ahí con vida. Dejemos el hambre a un lado, uno puede dejar de comer tres días, pero la falta de agua y de aire fue tan importante que la gente llegaba a comportarse como si no fuera humana. Si vamos a hablar de un infierno, no se compara. Yo estuve en un vagón de esos durante tres días y dos noches, en un viaje de Varsovia a Auschwitz. En el camino la gran mayoría ya había muerto. Vi cómo morían los niños, pisoteados; vi morir gente enferma cuyo cuerpo no había dónde depositar. Teníamos que hacer nuestras necesidades fisiológicas parados y ahí mismo. Esperábamos la muerte, pero no encontrábamos la razón.
Memoria y Tolerancia es el nombre del museo que se abrirá el año entrante, con el propósito de transmitir la tolerancia a través de la memoria histórica, alertando sobre el peligro de la discriminación, el odio y la indiferencia, al mostrar los mayores ejemplos de intolerancia al que ha llegado el ser humano, que es el mismo objetivo de Memoria y Tolerancia, A.C., asociación que dará vida al museo.
Memoria y Tolerancia estará ubicado en Luis Moya 12, Plaza Juárez, colonia Centro, y además del vagón podremos observar alrededor de 500 piezas originales de los genocidios, como fotografías, películas, documentales, uniformes y zapatos de madera de los prisioneros en los campos de exterminio.
Una vez que esté abierto, vayan. Aun si la experiencia es algo fuerte, creo que familiarizarnos con tales conceptos es algo muy necesario en nuestro país.


