Leonardo Curzio escribió:
Según un estudio de la empresa De la Riva sobre el ánimo de los mexicanos después del proceso electoral y postelectoral, México, más que un país dividido entre dos candidatos, es una sociedad partida por dos concepciones antagónicas sobre lo que debe ser el arreglo sociedad-gobierno y el papel del Estado en su vida.
Por un lado, se identificó a un grupo de ciudadanos (10 millones aproximadamente) a los que se les llama corresponsables, que creen que la prosperidad de sus familias depende en gran medida de las decisiones que el individuo vaya tomando para labrarse su futuro. Creen en la dedicación, en el estudio especializado, en el ahorro y en una vida más acorde a los valores burgueses. Se sienten corresponsables del futuro del país, pues no esperan que el Estado haga mucho por ellos. Esperan, eso sí, que no mine su patrimonio con impuestos gravosos o devaluaciones. Están muy influidos por la cultura estadounidense y viven principalmente en el norte y el occidente del país. Su portavoz, su encarnación, es Felipe Calderón, y resultaron los vencedores de la contienda y ahora administran el país.
Por el otro lado tenemos a un grupo muy amplio de ciudadanos que habitan fundamentalmente la zona metropolitana y los estados del centro del país, cuya visión del mundo es diametralmente diferente.
Según este estudio, son alrededor de 9 millones de compatriotas los que están convencidos de que el Estado debe darles los satisfactores que necesitan. Lejos del individualismo del grupo anterior, este grupo considera que el Estado es responsable de dar educación gratuita, servicios públicos, generar empleo, dar subvenciones y garantizar pensiones. AMLO fue su indiscutible portavoz. Tienen en el fondo un agravio por haber sido despojados de algo que ellos suponen que tenían y que les fue arrebatado. Han desarrollado, siguiendo la tipología del estudio aludido, una cultura paternalista en la cual el Estado es el gran proveedor. Sus valores son diferentes a los corresponsables, pues ellos alimentan un gran prejuicio contra la empresa privada, su formación es más humanista y son antiestadounidenses. No aceptan como propios los valores burgueses y son los que perdieron. De la Riva los llama resistentes.
Tenemos, pues, dos tipos de mexicano que más allá de las diferencias regionales que son muy claras; ambos consideran que su prioridad es la que debería asumirse como la nacional. Los vencedores sugieren que hacer del crecimiento la prioridad será el desencadenante de muchos beneficios y los resistentes plantean que abatir el rezago social es lo básico. Creo que más que dar razón a un grupo o a otro, el tema es que las políticas que privilegie el proyecto vencedor no lastimen todavía más a los resistentes. Espero que 2007 sea el año de la prudencia y entendamos que no hay forma de administrar este país sin entender su complejidad.
Vía El Universal
Yo estoy más acorde con la primera visión. Y más si esto implica menos impuestos para mi. Yo no veo la necesidad de que el gobierno me esté cobrando impuestos para darme servicios de mala calidad cuando puedo pagarle a una empresa que puede hacerlo mejor, y que si no lo hace, busco a otra. Como la larga distancia, o el internet.
No obstante, tomando en cuenta los monopolios, sus precios, y las ganancias que tienen los bancos con las comisiones, el terrible estado económico de las personas en tercera edad, creo que la otra visión tiene mucho de válido. El gobierno debe intervenir en muchas áreas.
Tal vez, como en todo, lo óptimo esté en un punto medio, ni libertad a la von Mises, ni intervención estatal a la Echeverría. ¿Tú qué opinas?

