Hace unos meses me subí a un trolebús que iba hacia Ciudad Neza, y el conductor permanece en mi memoria porque ha sido el más amable que he conocido en toda mi vida. Hasta le decía a las personas mayores que bajaran despacio, que tuvieran cuidado. Increíble. Tenía ganas de regalarle algo a ese conductor.

  • Desde ese entonces hasta ahora, he pensado que los verdaderos conductores se ganan el odio porque se dedican a:
  • Avanzar mientras uno está descendiendo.
  • Echarse carreritas con otros microbuses.
  • Meterse en peleas siempre que sea posible, a costa del tiempo de los pasajeros.
  • No tener cambio.
  • Hacer de su micro la cosa más disco o rumbera posible, con unas bocinotas y decoración ad hoc. Eso sí, la discografía de salsa que traen normalmente da ganas de bailar en el pasillo.
  • Traer a su copiloto que se encarga de sabrosear a cuanta mujer se le ponga delante (¡nefasto!).
  • Hacer base durante media hora en medio de la nada para recoger apenas dos o tres personas.

Bueno, seguramente hay más cosas que se me olvidan… pero ¿o no que es para quererlos?