Con motivo del 29 aniversario del hallazgo del monolito de Coyolxauhqui, el Museo del Templo Mayor realiza una serie de actividades, entre ellas conferencias magistrales que abordarán aspectos desconocidos sobre la relación entre arquitectura monumental y política.
- El papel de la mujer en la sociedad mexica
Enriqueta Tuñón
Sábado 10 de febrero
En el México prehispánico lo femenino era parte una dualidad vinculada con la oscuridad, la tierra, lo bajo, la muerte, la humedad y la sexualidad, por ello deidades tan importantes como la tierra (Tlaltecuhtli), la madre de los dioses, la de la falda de serpientes (Coatlicue) y desde luego a la luna (Coyolxauhqui). - Los dioses del pulque, la Luna y la Tierra en el Templo Mayor de Tenochtitlan
Francisco Rivas
Sábado 17 de febrero
Sobre algunos aspectos simbólicos de las diosas y dioses del maguey y el pulque en objetos mexicas obtenidos en el Templo Mayor de Tenochtitlan. Además se abordaran aspectos biológicos del maguey. - El sacrificio humano, comunión entre hombres y dioses
Ricardo Rivera García
Sábado 24 de febrero
Uno de los temas más polémicos –y por lo visto más taquilleros– de la antropología mexicana. En esta platica se conocerá el simbolismo mágico, cósmico y religioso que rodea este fenómeno en las sociedades indígenas precortesianas, y que desafortunadamente se considera un signo inequívoco de barbarie.
Las conferencias se imparten de 10:00 a 12:30 en el auditorio Eduardo Matos del Museo del Templo Mayor. Entrada Libre.
Museo del Templo Mayor. Seminario 8 esquina con Guatemala, Centro Histórico. m Zócalo. Tel. 5542-0606 y 5542-4784. Horario: martes a domingo, de 09:00 a 17:00 hrs. Precio del museo: 35 pesos. Domingos, entrada gratuita para el público general.


Están surgiendo diosas en los antiguos templos de México-Tenochtitlan. Las diosas han querido salir a la luz. Las diosas se han dejado ver, Coatlicoe, coyolxauhqui, tlaltecuhtli. Sin embargo, todavía es demasiado pronto para que el hombre contemporáneo comprenda tan extraordinario evento.
La diosa coyolxauhqui anuncia ocultamente un mensaje: la victoria, el imperar de la oscuridad sobre el mundo.
Como los griegos, los aztecas pasarán a ser inspiración poetica del mundo. Y tal vez no sean los mexicanos contemporáneos quienes descubran la divina palabra de los poetas…
El hombre mismo está desmembrado, está torcido. EL HOMBRE, en esta época donde Coyoxauqui y sus cuatrocientos hermanos han derrotado a Huitzilopochtli, ESTÁ DESTINADO A NO TENER ROSTRO NI CORAZÓN.
En plena oscuridad los hombres no se dan cuenta de ella.
INB Campus Querétaro UNAM.
Fecha: 28/08/2008 17:20.
Autor: raymundo rosales villegas
El descubrimiento de la diosa Tlaltecuhtli es un acontecimiento, en sentido estricto, que nada tiene que ver con su descubridor. El acontecimiento rebaza la nacionalidad mexicana: en una época en la que los hombres se bañan en su mierda, en sus orines, la diosa tierra se ha descubierto sin vientre. La madre tierra no tiene vientre ni para devorar hombres ni para dar a luz hombres ni dioses. El hombre, como Quetzalcóatl, prefiere, literalmente, el oro, las plumas preciosas, que el maíz. El mismo hombre ha buscado la ruina, se ha encontrado con el palo, con la piedra. Nuestros dioses nos habandonaron, y el único que pre-vió esta oscuridad primero que nadie, fue Moctezuma. Cuando los dioses se van dejándonos de la mano en el mundo, huérfanos, no tiene sentido la existencia. El asunto no es regresar a aquellas culturas para pretender ser como ellas, no es tampoco imitarlas, ni mucho menos adoptar a sus dioses. El asunto es que su palabra es auténtica, como dice León-Portilla, es originaria. ¿Cómo entonces es la palabra originaria? ¿Qué nos dice la palabra originaria en una época en donde la historia es rebajada a compararse groseramente con la ciencia? En época de oscuridad, vivimos herrantes en en el vientre vacío de la diosa Tlaltecutli. La época donde la cibernética se autoimpone, como la voluntad del hombre, el mundo se pre-para para su derrumbamiento.
Es una necesidad que los poetas sean escuchados porque son los únicos que que no tienen un lenguaje autoimpuesto, sino originario. Originario quiere decir que es un lenguaje que surge como “una plantita, como una florecita”. El lenguaje originario nos remite a nuestra muerte, a nuestra horfandad, al sentido de la existencia que es canto y flor.
Fecha: 02/09/2008 00:03.
Autor: raymundo rosales villegas
{Fe de erratas para los que tienen fobia a los errores: rebaza, lo correcto es rebasa; habandonaron, debería decir: aabaaandonaaron; herrantes, debería decir, erraantes; horfandad, lo correcto es: orfaandaaaaad}
Los griegos contemporáneos nada o poco tienen que ver con los antiguos griegos. Los griegos contemporáneos están, como todo el mundo, educados en el cristianismo, en una de sus múltiples disformas. Igual los mexicanos, enarbolamos a los aztecas desde nuestros prejuicios cristianos, guadalupanos, académicos, gnósticos, etc., sin atender al asunto mismo. Nada hay más decadente que la figura del llamado “Juandieguito”. Por tanto, no puede haber nueva palabra porque de esencial nada tiene, al contrario, es nociva para el corazón.
Sí, nuestra época está en oscuridad porque el hombre está dirigido a algo ajeno a él mismo: lo que sea, celular, un puesto en el INAH, el nombre de un auditorio, dejar algo para la historia, mi nombre escrito de un descubrimiento, aplausos, la academia, estímulos, venta de libros, herencia, erudición, etc., todo ello está llamado en el futuro a su desaparición. Es como cantar la “mañanitas” al descubrimiento de la diosa Tlaltecuhtli, o, es como decir que “La diosa coyolxauhqui me eligió a mí”; lo digo en serio, este patetismo sucede porque parece que todos los mexicanos llevamos un juandieguito y un gachupín en nuestro corazón; por eso nuestro corazón está torcido, pero, al no darnos cuenta de que lo tenemos torcido, perdemos todo sentido y dirección. Es por eso que tenemos que poner atención en los que los príncipes poetas anuncian. Pero, parece que en la academia es imposible escuchar ―escuchar hasta donde podamos. Sólo una cosa es cierta: sin dioses, ¡estamos perdidos!
El príncipe chichimeca Nezahualcóyotl es nuestro primer heraldo, nuestro consejo, nuestra inspiración, en esta época donde los tesoros son codiciados por la voluntad moderna: la ciencia la tecnología, es decir, la cibernética planetaria; desquiciada, desatada por todo el mundo. ¡“Los tesoros humo son” y nada vemos! Atención, esto, nada tiene que ver con el desinterés moral o el sentimiento cristiano.
Sólo puede haber nueva palabra, cuando la palabra es originaria. Es decir, volvemos a aquello que es originario, donde por primera vez se determinaron las cosas, pero, desde nuestro futuro, que es lo único que importa. El futuro es lo posible, y si el hombre es hombre, es decir, hombre de de ala, águila o tigre, entonces nuestro destino está en llegar a ser lo que somos: tan sólo hombres, hombres de un día…
Fecha: 02/09/2008 17:11.
Autor: raymundo rosales villegas
Es bien cierto que, querámoslo o no, somos hijos de españoles y aztecas. Somos un híbrido. Nuestros antepasados españoles levantaron una ciudad sobre la ciudad de nuestros antepasados aztecas. Por un lado, nuestros antepasados españoles arruinaron a nuestros antepasados aztecas. Pero, a pesar de todo, nuestros antepasados españoles, a través del cristianismo, nos trajeron algo extraordinario: los griegos. Gracias a los griegos sabemos medir nuestro futuro. Entonces,¡Qué importan los españoles si tenemos a los griegos! La medida griega nos dice que hemos olvidado la grandeza de nuestro pasado. Siendo completamente algo distinto, los griegos y los aztecas refieren lo mismo: el sentido trágico de la existencia. Es por eso que los griegos, en su sentido originario, sólo lo marcan los filósofos preplatónicos y los poetas Esquilo y Sófocles.
Desde la medida griega, por ejemplo, no podríamos ver al señor Hernán C. y a su rey como conquistadores. Es por eso que los españoles nos son un poco… el ansia del oro, el mundo del más allá, y el alcohol es lo único que para ellos era preciado, los hace vulgares. Nunca han sabido lo que es un rey. Hoy, los reyes de España, de Inglaterra, de Bélgica, etc.,no son más de lo que siempre han sido:una estafa. El gachupín y el juandieguito que llevamos dentro es nuestro destino como mexicas. Nadie está llamado al sol, no hay esperanza. Sólo el futuro es una promesa
Sea como sea el destino de los aztecas era sucumbir. Que Tlacaélel, que el árbol de la noche triste, que la firmeza de Moctezuma,… Todo ello es mirar hacia otro lado. El asunto es el hombre en la tierra, (no una región, un país, una cultura, etc.) y si queremos avistar un poco sobre él tenemos que estar atentos a lo que los príncipes dicen, hablan.
¡Oh, dioses huidos, que los príncipes sean la tea que alumbre nuestro futuro!
Fecha: 03/09/2008 17:06.
Autor: raymundo rosales villegas
Una hija cuestiona a su madre haberse preñado, considera el embarazo como una afrenta porque no se sabe quién es el padre (¡como si un hombre del pueblo cuestionara al tlatoani¡). La hija se vuelve contra su propia madre y decide matarla, para ello, seduce, convence a sus propios hermanos de asesinarla. Los hermanos asienten, menos uno.
La magia con la que diosa Luna convence a sus hermanos las Estrellas, al parecer, reside en su feminidad. La Luna, como mujer, seduce, y, seduciendo, promete placer. Sus pechos que muestra la diosa no están flácidos, al contrario, se muestran sumamente exquisitos y apetitosos. Entonces, podríamos decir que las armas más despiadadas de la diosa Luna para con los hombres son sus encantos. Cuando una mujer atavía su cuerpo, su rostro, impone su encanto sobre la voluntad del hombre, lo somete. Cuando una mujer se embellece, parece que se está preparando para la guerra: sus piernas, sus pechos, su cadera, sus uñas, su ombligo, su boca, sus mejillas, sus orejas, su espalda, sus ojos, su olor, ¡toda ella es una locura¡ Nos enferma, nos seduce, quiere conquistar, en este caso, como una mujer “voluntariosa”. La luna nos hace aullar, un puro ardor insaciable nos hace jadear como bestias, como perros. Nos convierte en lobos y no sabemos ya nada de nosotros.
Así, pues, como una mujer que intenta ser “voluntariosa”, decide “encabezar” la contienda contra su madre. Por lo mientras, comenzamos a ver que, desde su inicio, la hija y la madre, los hermanos entre sí…
Fecha: 04/09/2008 21:55.
Autor: raymundo rosales villegas
La Tierra da a luz al sol (al Sol que es luz). La Tierra da a luz la luz. La tierra recibe su calor, pero también, como madre, devora al sol del atardecer. La tierra ama al sol, lo quiere, es su hijo. Al parecer el sol no tiene padre, al menos que sea el cielo mismo, al menos que del cielo sea la pluma que fecundó por el pezón a la tierra Todo esto parece indescifrable. El sol mismo deviene de una sola vez. Es verdad que nació adulto, pero, ello indica algo completamente distinto a la diosa Coyolxauhqui. La diosa se atavía para la guerra. La diosa tiene que ataviarse para ser. El sol no. El sol, de suyo, está listo. Él es él. Brilla por sí mismo. Parece que dentro y fuera del vientre de su madre es él mismo. El sol es el que es. ¿Qué quiere decir ser el que es? Tenemos tantas preguntas, y tan sólo un momento para preguntarnos. Los libros suelen ser como nuestros mejores amigos, se puede dialogar con ellos. Pero, el diálogo auténtico nos es tan extraño. Cómo dejar hablar a los poetas, cómo dialogar con los poetas, si nosotros mismos nos tapamos los oídos y los ojos con la cera de la gramática. Pero, no os preocupéis, es un destino.
1.Propongo que se abran seminarios en las universidades sobre poesía azteca, principalmente en la facultad de filosofía, de antropología, de historia, de literatura, etc. de UNAM, que no sean a manera de diplomados, cursitos, etc. Si hay alguien que pueda en la historia estar a la altura de los griegos, sabemos que son “nuestros príncipes amigos”. Si de algo valen, por ejemplo, los reconocimientos al intérprete León –Portilla, entonces, que se le reconozca no con aplausos, etc., sino abriendo un seminario especial para preguntar a los poetas, para dialogar con los poetas, aquello a lo que estamos llamados como hombres mortales. Porque nos sucede algo semejante que a la diosa de la luna… tenemos que hacer algo para poder llegar a ser lo que somos: hombres,… míseros hombres. El sol no tiene que hacer nada, él es el que es; hasta cuando se oculta, ama el ocultarse, nadie lo cuestiona, nadie lo toca. Cuando dice el sol a su único hermano-estrella que estaba de su parte: “Sé lo que tengo qué hacer”, el sol refiere a su destino: la sangre de su hermana y de sus hermanos para salvar a su madre. El sol ya es un guerrero y sólo tiene que llegar a ser un guerrero: imponer su esplendor sobre la noche. Esto quiere decir “Sé lo que tengo que hacer, o, el “Querer llegar a ser lo que se es”: estamos llamados al proyecto mismo de la existencia. Mientras el hombre no esté interpelado por este pro-yecto, el hombre no será hombre; como hoy, que no somos mas que “miembros, pedazos, trozos”, de hombre. Está en nosotros llegar a ser hombres, pero, nada tiene que ver con el discurso científico y, sin embargo, este discurso científico halla sus raíces en aquello que sí tiene que ver.
2.Propongo que se haga lo más pronto posible una página en Internet semejante a la que el señor Potel hizo sobre Heidegger (Heideggeriana. com) y Nietzsche (Nietzsche en castellano o nietzscheana.com). Es decir, con todos los poemas de los poetas aztecas. Con apartados, por ejemplo, sobre la historia del tohuenyo, el viaje de Quetzalcóatl, etc. Una página donde se incluyan lo más relevante sobre lo que se ha escrito de los poemas. Sinceramente esto relevante requiere una selección muy rigurosa. LeónPortilla ha intentado hacer una recopilación de estos escritos, pero, con todo respeto, creo que no ha funcionado porque aún no surge ese poeta interpelado por el arte, el ser, la poesía, le futuro, el dios huido. A nivel mundo, pondríamos poner, por ejemplo, en uno de esos apartados, a un francés que habla sobre la muerte del sacrificio y refiere a cuando los dioses se reúnen en Teotihuacan para sacrificarse y crear el Quinto sol. Muchos franceses tienen un gusto distinguido por la historia de los aztecas.
3.Propongo que hombres que tengan cierto ‘encanto’, como: León Portilla, Matos Moctezuma, etc., inciten, agiuijoneen, para que el genio mismo de a luz un poeta y este, el poeta hable sobre el proyecto mismo del hombre en la tierra. De la manera que sea, por ejemplo,
4.que alguno de ellos, antes de morir, mande el poema llamado “Canto de privación” al artista-mago José Luis cuevas o el poema de invocación a Tezcatlipoca para que el artista se inspire, si es llamado o no, en aquellas huellas de lo sagrado, en aquellos poetas que aún tienen el “corazón endiosado”… Sabemos que la UNAM o la ciudad de México, el D.F., tiene ese poder.
5.Estamos en el comienzo de una historia que se avista desde el futuro, desde el futuro vemos nuestro pasado: somos los que seremos, somos los que fuimos, somos los que somos. Aunque, un tlamatinime dijo hace apenas hace 500 años: ¡Que no muramos, aunque nuestros dioses hayan muerto!
Fecha: 05/09/2008 22:08.
Autor: raymundo rosales villegas
El sol, confortando a su madre, decía: “No temas, yo sé lo que tengo qué hacer”. Lo mismo decía a su hermano Cuahuitlícac, hermano que le prevenía de la diosa luna y sus demás hermanos: “Bien sé lo que tengo que hacer”. Estas palabras del dios sol son determinantes. Está llamado a lo que tiene que hacer: la guerra. De alguna manera, las palabras del dios sol tienen que ver con lo que en algún lugar dijimos: “dejar que las cosas sean”.
En cambio, desde nuestras cavilaciones, este “dejar que las cosas sean” quiere decir: no autoimponer definiciones, no crear o inventar conceptos, sino dejar que la cosa misma hable. En el caso del dios sol, lo que habla es su determinación. Pero también hay otra forma de comprenderlo.
Lo ocurrido con el huey tlahtoani Moctezuma. No podemos afirmar todavía que Moctezuma era un incapacitado, cobarde, débil, o neurótico. Religioso era, pero, como todo el imperio. Pero, tampoco podríamos hablar como se habla hoy, por ejemplo: lo religioso, lo ético, lo político, lo social, lo antropológico, lo económico, lo poético, etc., etc., etc. Si queremos hablar de lo esencial tendríamos que dirigirnos a sus cantares, a sus códices, a lo que ellos llamaban color rojo, color negro. No para analizarlos, sino tan sólo para escucharlos.
Pensando que eran dioses o enviados de los dioses, Moctezuma cede el poder por determinación del mandato divino. Entre el transcurso del encuentro de dos mundos, había momentos en los que se le veía angustiado. Tal vez quería, pero ya no era ni había el momento de huir. Moctezuma estaba angustiado porque el momento había llegado. Sin embargo, como noble, quiso morir él y su pueblo por sus propias manos, por su propia voluntad. Voluntad y destino, a la vez, quiere decir libertad. Muriendo, Moctezuma y todo el imperio, fueron libres. No cabía ya en el corazón de Moctezuma una salida a ningún lado y él era el mando. Fenecerán los mexicas, dijeron los dioses. Y los aztecas terminaron en el caos. Como dice Paz, los dioses los traicionaron, los abandonaron.
Si hay algo que es tan cercano a los mexicas era, lo que según León-Portilla llama, tonalli, o sea, destino. Como hombres fugaces saben cuánto puede mantenerse la vida o la ciudad sobre la tierra y bajo el cielo, bajo la determinación de la ley divina. Para el hombre azteca, su destino era sucumbir. Nada hay de extraño si llegan hombres de aspecto inaudito, de otro mundo, y hunde la ciudad. Ser enterrada, ese era el destino de Tenochtitlan.
Moctezuma, por tanto, “dejó que las cosas fueran”. Así, nosotros, hombres mundiales, estamos llamados a dejar que la peste nos acoja, estamos llamados a vivir en el pleno ‘esplendor de la noche’. No es un pesimismo, los aztecas le llamarían: “alegría que punza, alegría penosa”. Esto es: el sentido trágico de la existencia, lo que nosotros, educados como católicos modernos (ateos o no), no oímos, ni vemos. Y si esto se pone en duda, escuchemos por un instante el pensamiento divino de los Huehuehtlaholli que valen para todos los tiempos, o sea, que marcan lo que es, la verdad:
“Ahora que ya miras por ti misma, date cuenta. Aquí es de este modo: no hay alegría, no hay felicidad. Hay angustia, preocupación, cansancio. Por aquí surge, crece el sufrimiento, la preocupación.
Aquí en la tierra es lugar de mucho llanto, lugar donde se rinde el aliento, donde es bien conocida la amargura y el abatimiento.
Un viento como de obsidianas sopla y se desliza sobre nosotros.
Dicen que en verdad nos molesta el ardor del sol y del viento. Es éste lugar donde casi perece un de sed y de hambre. Así es aquí en la tierra.
Oye bien, hijita mía, niñita mía: no es lugar de bienestar en la tierra, no hay alegría, no hay felicidad. Se dice que la tierra es lugar de alegría penosa, de alegría que punza”.
“Alegría que punza”
Fecha: 08/09/2008 20:28.
Autor: raymundo rosales villegas
Las palabras siempre tienen posibilidad de comprenderse distinto. La historia mexica está atravesada por la existencia griega, y no sólo ella. La historia de Grecia es la historia del mundo. Los griegos inauguraron, abrieron una necesidad que se está desplegando quién sabe cuántos siglos al futuro. Ellos no lo sabían. La ciencia nació con Parménides: la lógica donde A es igual a A se fue desplegando hasta nuestros días. No es una evolución ni mucho menos un tiempo ajeno al nuestro. Lo que sucede es que se habla de lo mismo pero de modo distinto. ¡Es que hay alguien que pueda decir algo que no tenga que ver con los griegos? El mundo tecnificado es la lógica de ello. Tan sólo la palabra historia, antropología, ∞.
Ahora bien, si intentáramos hacer una breve referencia al aspecto esencial de la existencia trágica de los aztecas, veríamos que mantiene un rasgo esencialmente dual. Tan sólo el lenguaje, qué quiere decir el dialogar de los cantos? No es extraño que los griegos contemporáneos estén mudos frente a los antiguos griegos, no es extraño que mejor los alemanes o los franceses se remitan a ellos con más profundidad. ¿Se me comprende? Los poemas aztecas cantan a quien escucha. De otros lugares (lo que llamamos hoy países) serán quizá los que desentierren, en su esencia, a los cantos, y con ello al hombre aquí en la tierra.
No sabemos de qué se trata. Pero sí sabemos que no se trata de hacer dioses, no se trata de arrancar corazones. Se trata sólo de aprender a hablar,…
He escrito de una manera apresurada, con saltos, con chispas, con caos. ¡Por favor, perdonadme!
Fecha: 09/09/2008 22:37.
Autor: raymundo rosales villegas
Del canto mismo nace un proyecto: “somos mortales”. La cuestión es preparar la tierra. Sembrar el maíz. Surgir el maíz, desyerbar, escardar, amontonar,… el proyecto nace muy lento, un proyecto poético pensante (Heidegger) podría proyectarse para miles de años. Nuestro futuro a 500 años para nuestra era, por ejemplo. Tenemos que aprender a medir más allá de nuestra muerte como lo enseñan los aztecas. La poesía cotidiana nace del canto, pero el canto no es escuchado por todos:
Difícilmente da flores,
plumas a la gente, el Dueño del cerca y del Junto
Fecha: 11/09/2008 01:24.
Autor: raymundo rosales villegas
La tradición de las “calaveritas” es “bonita”, pero, propongo que en lugar de calaveritas se comience a educar a los mexicanos en los poemas de los aztecas, que de ellos mismos nos inspiremos. Las calaveritas son una degradación de la poesía azteca. Son curiosas, jocosas, chistosas, como los mexicanos…
Fecha: 11/09/2008 20:27.
Autor: raymundo rosales villegas
LA NOCHE DE MOCTEZUMA.
Ya habíamos dicho que sucumbir era el destino de la Gran Tenochtitlan. La sabiduría del hombre es vana frente al dios que hace llover preciosa existencia: “Solamente él”. Frente a la necesidad que abriga al dios dador de la vida, la sabiduría del hombre mortal es vana, parece decir “nuestro príncipe Nezahualcóyot”. “Dejad que las cosas sean”. Cuando el pensamiento es inauténtico, se desea con ansia, para lo que sea menos para pensar. El pensamiento nace poéticamente cuando surge haciendo a la vez historia. Comprender la historia como una secuencia de eventos yuxtapuestos, sólo nos hace perdernos por los caminos oscuros del hombre en la tierra, por los caminos torcidos de la noche. Nuestra ansia de las flores las afea, dice otro poeta. Por tanto, la historia nace inesperadamente, así nada más, como si nos despertáramos de un sueño, dice otro poeta. La historia nace como nace la poesía, de repente surge sin que nosotros la ansiemos, pero la misma necesidad es la que obra aquí, el poeta entonces tiene endiosado el corazón. La historia es por tanto un evento violento que nace a la manera de un manantial. La palabra divina de los huehuehtlahtolli nos hace prever lo originario, lo histórico, la verdad acontecida, lo más violento: el existir del hombre en la tierra. La historia nació de la misma manera que nosotros: con dolor y sangre. Dejar que las cosas mismas sean, también quiere decir que la historia no es un pasado. Nos dicen los huehuehtlahtolli:
“Pero, ahora, mi muchachita, escucha bien, mira con calma: he aquí a tu madre, tu señora, de su vientre, de su seno te desprendiste, brotaste. Como si fueras una yerbita, una plantita, así brotaste. Como sale la hoja, así creciste, floreciste. Como si hubieras estado dormida y hubieras despertado”.
Pues bien, la historia nace de la misma manera, brota de la misma manera, todo lo demás es pura especulación. La historia es un evento que de repente surge, brota. Ese brotar, sin embargo, no es un pasado, ese brotar está aquí, frente a nosotros. Lo único que tenemos que tener en cuenta es dejar que el agua fluya, que la planta surja, que la hoja florezca, que la yerbita crezca, y todo esto señores no es voluntario. He aquí la cuestión. Para comprenderlo siquiera un poco tenemos que estar pre-dispuestos a “escuchar bien”, a “mirar con calma”, como dicen los viejos sabios. El pensamiento poético o la poesía pensante nacen con la misma necesidad con la que nos desprendemos del seno de nuestra madre, con la que brotamos del vientre de nuestra madre. La madre y la hija son distintas pero son parte de lo mismo. El nacimiento como tal no es voluntario: “Sólo fuimos avisados”, dicen los poetas. De repente los dioses nos dejaron aquí en la tierra, de repente nos dejaron de la mano, de repente, vinimos a soñar…
La comprensión dual del sentido trágico de los aztecas es difícil de comprender porque estamos tan acostumbrados a ver solo un rostro de las cosas, a vivir y, al mismo, tiempo, a temer a la muerte y al dolor siendo que la muerte y la vida son lo mismo, el dolor y la vida son lo mismo. Esto es precisamente lo que “nuestro príncipe” descubre en su poema “Somos mortales”: “Percibo lo secreto, lo oculto”. La muerte es un evento del que no podemos dar cuenta, sin embargo, nos determina como seres mortales, como habitantes de la tierra. Se existe de algún modo, se muere de algún modo. Muriendo de una vez ya no sabemos qué pasa porque es un evento que nos sobre pasa, por tanto, lo único que sabemos de la muerte es nuestra vida, la muerte es un evento que se nos muestra oculto, secreto. Vivir significa al mismo tiempo morir, vivo muriendo muero viviendo. Esto quiere decir: existir es nuestro destino ó morir es nuestro destino.
“El príncipe de Tezcoco” deja que ocurra, ‘deja’ que la verdad se descubra, y que “alegremente le punce el corazón”. La verdad, la raíz, está oculta, sólo miramos el árbol pero no lo que lo sostiene. Es decir, lo mismo. De esta manera es como la historia se nos descubre: oculta, secreta. Ya hemos dicho lo que supone. El florecimiento de un pueblo está llamado a aquello que lo sostiene. Las diosas de la luna y de la tierra, por tanto no fue un descubrimiento del pasado, es la misma historia, secreta, oculta, que nos sostiene aquí delante de nosotros. Este sostener, sin embargo, son nuestros pies en la tierra.
“¡Poneos de pie!”, dice el poeta. Y “Poneos de pie” es lo mismo que asistir, surgir, brotar, venir a la existencia. Lo que se descubre, por tanto, delante de nosotros es lo originario, la historia misma. Lo que nos sostiene, la historia, guarda sin embargo el carácter de lo mortal, de la caída, del desfallecimiento.
Aquí es donde las cosas se ponen peores.
“La trágica noche de moctezuma” es un evento que aparece con dolor, porque se nos descubre de la manera más despiadada. La amargura de Moctezuma pre-decía ya el destino de la Gran Tenochtitlan. La amargura o la angustia en la que fue embargado Moctezuma era ¡la angustia de la nada!
Como ya lo habíamos mencionado, lo originario surge de repente, surge de la nada y a la nada está destinado (la dualidad ser y nada son lo mismo). El pueblo del sol estaba llamado a ser. Y para ser, paradójicamente, tenía que sucumbir. Ser (en tanto que estar) y sucumbir es lo mismo, porque lo que ‘es’ está siempre llamado al fracaso, la muerte es garantía de ello: Los mismos españoles confiaron en no haber visto antes algo tan extraordinario, sin embargo, “todo eso que es precioso, en ‘nada’ fue estimado”. El humo se levanta, la niebla se extiende…
Un pueblo es histórico cuando se delimita el hombre por primera vez en la tierra, en la tierra donde sólo una vez se vive, donde se está llamado a ser. Y decir que se está llamado a la existencia de un pueblo histórico es lo mismo que decir que se está llamado a la verdadera grandeza histórica, nos dice el divino Cuauhtlequetzqui: “Esta será nuestra fama: en tanto que dure el mundo, así durará el renombre, la gloria, de México-Tenochtitlan”. Por tanto, la historia como la muerte la tenemos ahí delante, paradójicamente, la fama Tenochtitlan durará mientras dure el mundo, pero sólo hay mundo porque hay historia. Sólo el hombre ‘tiene’ historia, sólo el hombre muere, sólo el hombre sufre.
Regresando al asunto del soberano Moctezuma, habíamos dicho que él mismo había “dejado que las cosas fueran”. “La angustia predecía su destino”, “Muchas veces se oía: una mujer lloraba; iba gritando por la noche, andaba dando grandes gritos: “―¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos! Y a veces decía: ―Hijitos míos, ¿adónde os llevaré?”.
El momento había llegado, ahí delante estaba su destino y el de la Gran Tenochtitlan. Alguna vez tenía que ser y había llegado la hora. Se acercan los enviados de los dioses, ya vienen a la gran ciudad, nada los detiene: “Cuando el Sol había llegado a su apogeo, al medio día”, Moctezuma pre-vió en un espejo a los enviados por los dioses: ¡Unas como personas que están en pie y agitándose! Vienen de prisa; bien estiradas; dando empellones; haciéndose la guerra unos a otros. Un ave, como grulla, salida del agua le llevó el presagio.
Ya no había momento de huir, lo más terrible había sucedido ya: los dioses lo habían abandonado, Moctezuma entregó el mando. Desde ese momento, el huey tlahtoani ya no era nadie, los dioses lo habían abandonado junto con su pueblo. Ya no era: “El que habla”, sino El angustiado. Al ser embargado por el ser, el huey tlahtoani espera la nada, al esperar la nada ni la muerte tiene sentido, aunque ella fuera su salvación. La única esperanza para Moctezuma era ya no tener ninguna esperanza.
Cuando los dioses se van, sucumbe Tenochtitlan. Desde ese momento, prevalece la noche en la ciudad. Todo se viene abajo, Moctezuma asumió ese destino: así lo quiso, así lo quiere, y así lo querrá. La muerte, aunque pareciera su salvación, no tiene sentido.
Pese a eso, Moctezuma es devorado por su propio pueblo, por su propia ala, si es que todavía se puede llamar pueblo, ala. ¡Moctezuma ha muerto, y lo hemos matado nosotros, su propio pueblo, su propia ala! “Bajó la noche a México”. Cuando un pueblo le rompe la cabeza a su rey, es porque la “niebla se ha difundido”.
Cuando moctezuma muere…
Fecha: 12/09/2008 22:16.
Autor: raymundo rosales villegas
“El proyecto del templo mayor”.
Estamos llamados a escuchar lo originario que quiere surgir en nosotros. No se trata, como con Descartes (el hombre moderno que inevitablemente somos), o el cristianismo (el miedo, la hipocresía, la mentira, la sumisión), de hacer del hombre un aparato reproductivo, una máquina. Mente-cuerpo y alma-cuerpo, respectivamente. Ni interior ni exterior sino ‘lo mismo’: hombre-mundo, hombre-historia, tierra-hombre-cielo. Esta última idea se nos muestra más fácilmente si pensamos en lo que quiere decir: Dueño de la cercanía y la lejanía. Nosotros los hombres estamos determinados por una necesidad que está por encima de nuestras vanas voluntades. Como decíamos, “Solamente él, el dueño del cerca y del junto. Vana sabiduría tenía yo, ¿acaso alguien no lo sabía? En este poema tenemos que tener muy en cuenta que no se trata de un dios cristiano, es decir, de aquello que se nos ha enseñado: que “Dios todo lo sabe”, “Los misterios del Señor son entrañables”, etc. lo que sucede es que el dios cristiano sólo llama a una ‘más allá’ que no refiere a la existencia misma, a nuestra muerte de una vez por todas. Nos hace mentir, nos hace débiles, nos anula lo divino que es la tierra, el mundo, el cielo. Lo único divino que hay sólo puede ser en la existencia, así, podríamos decir: sólo una vez hemos venido a la tierra, y sólo esa vez tenemos oportunidad para tener contento con el dios en un mundo donde no hay felicidad.
El dios dueño de aquello que está cerca, dueño de aquello que está junto, pareciera que para él fuéramos una nadas. A nosotros “nada” nos pertenece. Nos pertenece nada, eso es lo único que tendríamos que tener en cuenta para comprender lo divino de la existencia. Tomando en cuenta ello, o sea, (como dice nuestro príncipe chichimeca Nezahualcóyotl), que “Los tesoros huma son”, es posible entonces que podamos darnos cuenta de lo que nos muestra los rastros de lo sagrado. Pero hoy en nuestra época es todo lo contrario.
El imperar de Coyolxauhqui determina la voluntad del hombre que desea y quiere muchas cosas. Sin el sol, la diosa Luna hace gala de su “esplendor vano”. El “recipiente” (como decía un antropólogo), acoge a los hombres que no están llamados a lo sagrado sino a mirar tantas cosas con diferentes rostros, a determinar tantas cosas con diferentes corazones. Estamos llamados a la técnica, a las habladurías, es decir, a lo que el “príncipe” percibía como humo. Podríamos decir: “somos humo y adoramos el humo”.
Si recordamos un poco, desde lo originario, o sea, eso que no es español, se veneraba a la vida con flores: una flor es el corazón del hombre que está llamado a surgir, a florecer, como su cuerpo; se veneraba al maíz: las hojas de la caña son plumas de quetzal, tiernas, frágiles, era el alimento divino. En el viaje de Quetzalcóatl, por ejemplo, se muestra de modo evidente cómo el maíz es una dádiva de los dioses. El maíz como un tesoro tiene un sentido divino, mientras que el oro, las plumas de quetzal, el jade, ―materialmente― humo son, son meramente tierra si no se comprenden desde lo divino o desde aquello que lo sostiene: la nada. Ahora, comprenderlos así, no quiere decir tampoco que no las queramos o que las despreciemos, como el “desinteresado” Jesucristo; nuestro príncipe o nuestro antiguo imperio azteca tenía tantas cosas y sin embargo a la vez no tenía nada. Todo acaba… nos vamos a morir, sin embargo si su poesía pensante es auténtica sobrevivirá solamente porque es una voz, un aliento, que tiene que ver con lo divino aquí en la tierra. La poesía azteca es inmortal porque es una palabra que nace desde el centro cielo, dicen los poetas. Hombres que viven entre el cielo y la tierra, o sea, entre lo divino y lo mortal: debajo del cielo y sobre la tierra. Es decir, todo lo que no nace como nace una flor está condenado a caer, como una mentira que alimentamos y que terminamos creyéndola como el cristianismo. El cristianismo es nocivamente mortal para el corazón, por eso mismo está en aprietos, ya no sabe qué hacer con un dios que era una nada y que pensábamos que era algo. Era una mentira que nos asfixiaba, que teníamos que andar cargando como una cruz hecha de mentiras y de moho.
Lo que hemos aprendido de aquello originario que nació con los aztecas es que lo sagrado está por encima de cualquier dios. Creo que “El dios desconocido”, herencia de los toltecas, todavía está por nacer, recordemos que era un proyecto del mismo poeta Nezahualcóyotl. Tenía un altar sin ningún dios, ¡pero que sin embargo era un dios! Y a esto, señores, es a lo que está llamado cualquier proyecto, uno de ello es el Proyecto del Templo Mayor. Si las universidades no lo saben pues sépanlo. El hombre está proyectado hacia el cielo, pero nuestra manera de ansiar las cosas nos determina solamente como seres que se placen de su corta existencia. Placerse de su corta existencia es atender a algo que no es nuestra esencia: la radio, la tele, el conocimiento, el dinero, la camioneta, la luz, la salud de la mamá, el entierro del tío, el cheque, en una palabra, lo que los antiguos españoles llamaban: “oro”, oro es cualquier cosa para los aztecas pues ya dijimos como el canto y la flor eran su verdadero tesoro: ¡canto que cesa!, ¡flor que se ceca! Yo os invoco… (Por favor, no está demás decir que intentemos no ver con rencor a los españoles diciendo que por su culpa fue lo que fue. Desde el sentido trágico de la existencia azteca, la culpa cristiana simplemente ‘es’ pero no existe. Entre más rencor tengamos con aquellos que también nuestros antepasados, los españoles, más cristianos somos y menos comprensibles será el sentido divino de la existencia aztecas. Los españoles no son los españoles, es decir, el poema azteca va mucho más allá: se trata nada menos que del hombre, del hombre mismo que, voluntarioso está presto a lo vano pero que no se da cuenta de ello, cree que su “oro” lo hace ser).
“Nada de lo valioso fue preciado”, cuando los españoles arribaron a México, pero no nos asustemos, en nuestra época, como modernos cristianos, somos muy parecidos. Ya dijimos que el “oro” puede ser cualquier cosa, cualquier entretenimiento que deforma nuestro rostro, que enferma nuestro corazón. Ahora que nos hemos dado cuenta que el “Tesoro de Moctezuma” no es “oro” sino oro, plumas de quetzal, maíz, puede ser que desde nuestro futuro lo descubramos. Decir que “lo descubramos” tiene a la vez su otro rostro que es lo oculto. Es decir, que tal vez nosotros no lo descubramos sino que tal vez el Tesoro de Moctezuma nos descubra a nosotros. Quien se atreva a querer encontrar éste tesoro, difícilmente lo va a encontrar, difícilmente, porque “Difícilmente da flores, plumas, a la gente, el dueño del cerca y del junto”. La palabra de los poetas estaba escrita con oro.
Lo originario a eso llama. Sin embargo el mismo hombre tuerce todo. Qué importa quienes sean, si lo españoles, si los árabes, si los italianos, si los americanos, etc., lo hombres están tentados a servir a su propia voluntad, a su propio conocimiento, a su propia necedad. Esta voluntad o conocimiento no considera nada mas que su yo terrenal, es decir, como un hombre que quiere ‘adueñarse’ de todo, ‘juntarse’ con todo. Un hombre que sólo ve las estrellas, tantas de ellas, pero que no puede ver al sol, está lleno de noche. ¡Moctezuma mirando por el espejo del ave mensajera del destino! Por eso decíamos que nuestra época es una época en la que el sol ha determinado esconderse, y que de ello hace gala la diosa luna y las estrellas. Cuando el hombre no pone su rostro ni su corazón en una dirección sino en muchas, es porque está destazado, torcido, está en la niebla, en la oscuridad. La oscuridad y la luz son lo mismo, lo que nos junta el pavor, el espanto. Estamos hechos de luz de luna y luz de sol, sin embargo: ¡Qué difícil es que el hombre sea “llamado por el sol”! En esta época mundial somos la misma cosa que los antiguos españoles oliendo el “oro”: hombres que sólo viven sobre la tierra, hombres que con su mano creen tener a voluntad el universo, que atienden a lo insignificante pero que no se dan cuenta, en una palabra, somos el hombre de la época que ha impuesto su dominio por toda la tierra y que no atiende a lo esencial. La Luna nos posee. Por esta razón, retomando la traducción de una palabra del intérprete León-Portilla, somos unos PITZOME, es decir, unos “puercos de la tierra”. (UNAM, PÁG. 53)
La poesía mexica habla en cambio de ‘rostro y corazón’, ¡Qué hombres tan divinos! Por experiencia conozco los jades, las ajorcas preciosas, dice “nuestro príncipe”. Por ello, es casi imposible comprender un diálogo de los mexicas. Nuestra época determina nuestro querer, ella nos descubre y nos alimenta de una tradición que no nos arroja a más allá del oír, a más allá del ver.
Cuando los españoles arribaron a estas tierras, ya venían agitándose, el ansia del “oro” determinaba lo que ellos son. Es decir, un objeto que por él mismo no tiene historia. Si bien los mexicas tenían un imperio lleno de plumas de quetzal, jade, oro, etc. esto era más bien considerando desde aquello de lo ellas estaban ‘fundamentadas’: la nada. Cuando la riqueza es auténtica riqueza es porque se es capaz de percibir lo oculto: lo que hace ser las ‘cosas’ es precisamente lo que no se muestra. “Nuestra muerte”, la muerte de nuestros hijos, de nuestra madre, de nuestro esposo, etc. es lo que nos determina: como seres mortales estamos llamados a existir. ‘Gracias” a la muerte somos lo que somos, gracias a la muerte es posible todo aquello que somos. Esto quiere decir: que, desde la muerte nos proyectamos, este proyectar no sólo tiene que ver con el futuro, el proyectar está resguardado sin embargo por el presente-pasado-futuro que son la misma cosa, el mismo ‘instante’. No hay un pasado, no hay un presente, no hay un futuro que no sea incierto. La historia de igual manera, no es un simple pasado al que se va a él y sólo se acumula conocimiento.
El comentario es ser tan esencial como lo ‘histórico’.
No sigamos ninguna doctrina ni a la frígida ciencia y mejor pongamos atención, oído.
La academia nos ensordece, y sin embargo, queremos gozar de sus privilegios…
¡Perdonad mi insolencia!
nota bene: es importante la ortografía, sin embargo lo más importante es la ‘cosa misma’. Dejar que las cosas hablen, por ejemplo, una forma es la traducción tan bella como la de León Portilla, que deja hablar a las fuentes. La traducción de los poemas siempre estará puliéndose cada vez más, en todos los sentidos.
Fecha: 17/09/2008 20:53.
Autor: raymundo rosales villegas
Ser unos PITZOME, unos puercos de la tierra. A ello estamos destinados. Sin embargo este es un paso dual: al mismo tiempo, damos un paso hacia atrás y otro hacia delante. Uno hacia delante y otro hacia atrás.Ahí estamos, pareciera que no nos movemos siendo parte de todo ello.Cuando los españoles arriban a México-Tenochtitlan, el oráculo ya había hablado de ello a Moctezuma. Por un lado, la grandeza del imperio azteca estaba destinada a sucumbir, pues, desde su inicio guardaba ya en sí una decisión de culminación. El surgir de la historia misma de Tenochtitlan estaba destinada a la grandeza, pero también hacia aquello desde lo cual ella está sostenida, ‘fundamentada’: la nada. La grandeza y la ruina, el esplendor y la decadencia, la vida y la muerte, son lo mismo. Yo vivo para morir, qué absurdo. Pero, hacia la muerte nos dirigimos, la muerte es mi determinación, hacia ella corro siempre. Entonces, ¿Qué me promete el futuro? Culminar, concluir, morir. La grandeza de un pueblo histórico, el surgimiento de un pueblo histórico, está destinado a su destrucción. Pero, ¿acaso alguien no lo sabía? …nos dice el poeta trágico Nezahualcóyotl.
Por otro lado, la destrucción o culminación del imperio azteca está llamada a la oscuridad. Después de la huida de los dioses comenzó a expandirse la oscuridad por toda la tierra,… esa oscuridad tiene un nombre: Coyolxauhqui, la diosa Luna que envuelve a la tierra en la niebla. Pero, ¿cómo sabemos que estamos en decadencia, cómo sabemos que somos meramente un residuo, un simple sobreviviente de aquello (Moctezuma) que pudo emerger y que pudo alcanzar por primera vez grandeza histórica? ¿Cómo ese evento nos determina (no como mexicanos ni como de otro lugar, sino) como simples hombres en el mundo, habitantes de la tierra, hombres históricos)?
La existencia azteca, es decir, el mundo poético pensante de los hombres floreció y se secó. Lo divino se ocultó. El cofre de lo sagrado se cerró. Ya después, con la venida de los españoles se instituyó el cristianismo y la ciencia, se intentó mantener ‘lo divino’, pero ahora con un Dios que promete felicidad en ‘otro mundo’ que no es la existencia misma. Dónde la existencia de la poesía azteca, dónde la existencia de Cielo y Tierra, dónde la divina existencia. Todo se metió al cristianismo, todo se oscureció, todo se torció,…
Por 500 años nos habíamos engañado, desvalorábamos este mundo y venerábamos otro que está ‘mas allá’ de la muerte. Pero, la mentira ha caído por su propio peso. La mentira estaba llamada a descubrirse. Y la verdad se nos descubre con toda su furia porque nos comprendemos en la penuria: como seres mortales huérfanos de dioses. Como si por un momento nos comprendiéramos en la oscuridad de los tiempos y nos comprendiéramos ajenos a lo sagrado, ajenos a nuestra propia mortalidad. En la negación del paraíso cristiano y la negación del progreso moderno. Nos descubrimos en una época de oscuridad como seres mortales abandonados en la tierra, sin dioses. Preferimos el lodo, el “oro” que el maíz, dádiva y sacrificio de los dioses. Pero, ¿acaso podríamos elegir otra cosa? Lo que se decía sagrado, el Dios cristiano, no lo era, y ahora se ha venido abajo, se ha descubierto como una nada. Hasta ahora comprendemos que el cristianismo y la modernidad han culminado con la “muerte de Dios”. Sin embargo todavía andamos ‘como tontos’, dirigidos todavía como ‘almas individuales’ en las que como puercos de la tierra se tragan todo. Como puercos de la tierra (pitzome), así nos miramos.
Eso que se presentaba como sagrado (cristianismo) ahora se nos descubre como una nada, y esa nada nos arroja violentamente hacia lo que podríamos llamar: el olvido de los dioses, este olvido nos acomoda en una oscuridad, como la más espesa oscuridad del tiempo. Gracias a esta oscuridad, se presenta delante de nosotros un futuro que nos dirige la mirada, que sale a nuestro encuentro. No sé, parece que ese futuro interpela la llama del pasado. Nos dirigimos hacia allá. A ese diálogo de ‘llegar a ser’.
(como se ve, Heidegger y Nietzsche están más que invitados)
Fecha: 18/09/2008 22:06.
Autor: raymundo rosales villegas
Nuestro destino: ser el residuo del residuo; el superviviente del superviviente. ¿Por qué aún no estamos muertos? porque lo más terrible ha pasado ya.
¿Se me comprende?
Fecha: 18/09/2008 22:15.
Autor: raymundo rosales villegas
Hay algo que es importante decir. Tenemos que tener muy en cuenta cómo se percibe la palabra dios, oro, puercos, mundo, tierra, cielo, etc. ¡Solo hemos venido a vivir una vez! No es cierto, no es cierto, que vinimos a vivir en la tierra. En la tierra no hay felicidad, sólo hay pavor, y lo más pavoroso de lo pavoroso es el hombre. El hombre no es nada o más bien ‘es’ nada, desde la nada comprende su ser como ser mortal: el pasado, el presente, el futuro, son inciertos. La única verdad que se muestra a nuestro ser es que vamos a morir, pero de nuestra muerte nada sabemos, es decir, no podemos morir y después hablar de ella… Nos sobrepasa.
La ‘verdad’ no es un hecho, una explicación, o una correspondencia, la verdad es un acontecimiento, como lo que ya habíamos dicho sobre cómo, desde que se nace, se está presto para morir. Todo lo que acontece supone una decisión de culminación. Desde que nacemos, nacemos con la muerte. Morir tiene que ver con nuestro inicio. Si nacemos mortales, lo único que hacemos al morir es culminar lo que desde su inicio comenzó. Igualmente la historia, la historia surge, decíamos, como una planta, como un hijo del vientre de la madre, etc. El acontecimiento es venir a la existencia desde la nada. Es decir, lo que sucedió ya sucedió, según la necesidad. Es muy fácil perderse por estas vías del pensamiento, erramos, erramos, y lo que queremos es sembrar, dar a luz, o hacer dar a luz, cosechar.
Decíamos que la ‘verdad’ no es un hecho, o correspondencia, o enunciado, sino un acontecimiento. Y como acontecimiento la comprenden los poetas aztecas: “dicen que lo que es verdad no es verdad”. Es decir, la verdad siempre es un evento que se oculta y a la vez se desoculta. Lo divino se esconde, sólo se muestra en las flores pero buscando entre flores nada hay. El sentido trágico de la existencia implica la dualidad de la verdad. Por ejemplo, hemos referido la tesis de que Coyolxauhqui impera sobre la voluntad humana. Tenemos que hacer un esfuerzo para no comprender a los dioses desde nuestros prejuicios bien y mal del cristianismo. Es difícil porque no sabemos cómo o qué.
La diosa es, como los dioses, arbitraria. No está de parte del típico hombre bueno, aquí no estamos hablando del cristianismo. Sino de poesía. Es por eso que, cuando decimos que el mundo se llena de oscuridad no tiene nada que ver con el ‘diablo’, sino con la determinación del hombre en la tierra. Y, sobre ello, los poetas lo dicen ‘necesariamente’.
Van a tardar siglos antes que la poesía determine los acontecimientos de la historia. Nuestro trabajo, por tanto, es un proyecto que nunca acaba, el proyecto es llegar a ser, qué importa si es de aquí a 1000 años, nuestro futuro podemos verlo ahora: des-ocultándose la noche. Por un lado la diosa se nos descubre, por otro lado la diosa se nos oculta. La luna es como la verdad, una mujer. Se nos descubre como un monolito, una escultura, una pieza arqueológica que revolucionará la historia, etc., y se nos oculta de la manera en cómo los aztecas la adoraban o cuál era su rito, etc., pero parece ser que estas apreciaciones tienen que ver con nuestra formación moderna. Sinceramente con ellas nos acercamos muy poco.
Cuando vemos a los aztecas con nuestro ojo moderno echamos todo a perder. Nuestra gramática no puede ver más allá del ver, oír más allá del oír. Cuando abordamos el problema desde nuestra perspectiva moderna, lo único que decimos es que la cultura azteca es una cultura más entre otras y que tenía valores universales y maravillosos. De ahí, se intenta reconstruir lo que creemos que pasó siendo lo más objetivos que podamos.
Pero, ¡como decíamos! el asunto es el hombre sobre la tierra y bajo del cielo, es la existencia, es la verdad, es lo divino, es la muerte, es el dolor, es la amistad, es el diálogo, es el sol, es la noche, es el viento.
Cuando la diosa de la noche se nos descubre, sucede como con la mujer, como con la verdad. ¿Cómo se nos desnuda una mujer? Podríamos decir que de muchas maneras, pero la originaria es ‘el canto y la flor’. En nuestros días el hombre no sabe conquistar, sólo sabe hacer simples negocios con su vida. Igual la mujer, no quiere ser conquistada quiere ser comprada. La mujer, en nuestra época, es “voluntariosa”, es decir, quiere el mando, quiere determinar, quiere decidir. Por su parte, el hombre cae en el cansancio y en la vorágine de sus “neurosis”, de su ciencia, de su diversión. La neurosis es una enfermedad moderna de berrinches mujeriles, el hombre es algo parecido a una “gatita gruñona” y a veces vengativa. El hombre tiene carácter femenino se comporte como se comporte. Y mientras lo femenino determine los asuntos del mundo, el hombre se hallará en la oscuridad.
¿Cómo se mueve la diosa luna, cómo se mueve la noche, al viento? En época de peste, como la nuestra, con cantos, con flores. Para que la luna ‘hable’ tendríamos que descubrir el canto. La poesía es lo más común pero la hemos olvidado. La poesía es nuestra lengua primitiva, creció como una flor, involuntaria, sólo bajo las resoluciones de la necesidad. La necesidad obra cuando tiene que ser, no cuando actuamos voluntariosos queriendo mostrarnos como fuertes, determinantes, de mucho carácter, como nuestros padres, etc., siendo esto, somos un hombre moderno, el hombre moderno es aquel que ‘tiene el su mano al universo’, el que, manipulando la materia, ‘crea’ vida, el big bang, etc. Altanero fue, pero el tiempo lo pone en su sitio, según la necesidad ―esto último lo aprendimos de los griegos y de los aztecas.
La necesidad mueve hasta los dioses mismos, y el canto nace con la misma necesidad con la que nace una flor, imperceptible, lento, como el caminar de la paloma, invisible, como el viento, impalpable, como la noche.
Sin embargo, para que eso suceda tendrán tal vez que pasar muchos siglos, que en el tiempo son días, instantes. El hombre de la época está aturdido.
Lo originario: la poesía, el evento. El errar: un destino, los españoles, el cristianismo, lo abominable. La necesidad: la ciencia, un ateo, un voluntarioso. Si más o menos entiendo, la época moderna toma el lugar del Dios cristiano. El hombre moderno hace gala de su poder y conquista la tierra. Conquistar es un término muy delicado, por eso mejor destruye o devasta la tierra.
Al caerse el cristianismo en esta época de la técnica, surge el moderno imperando con sus máquinas, esas máquinas relativizan los rostros, los corazones. Es cristianismo los homogenizaba, absolutizaba. Pues bien, la moral cristiana era una catástrofe para la existencia. Si de por sí, la tierra es un lugar de mucho dolor, y luego todavía como cristianos inventamos un infierno…
A lo que voy es a que el hombre moderno ha sido necesario para acabar contra el cristianismo y así pensar en la chance de un proyecto poético pensante, como el de nuestro príncipe trágico Nezahualcóyotl y su ‘dios desconocido’. Pero, comprender a la modernidad como un evento necesario para sustraerse de la doctrina judía o platónica, es un movimiento, vale decir, en el que puede estar en riesgo la humanidad entera. El hombre moderno se arroja a la conquista de la tierra o del universo entero, pero en esa conquista también es posible una devastación mundial, que es lo más lógico.
Como católicos modernos, hemos matado al catolicismo. Creíamos en un dios del ‘más allá’, sin sufrimiento, sin muerte, etc., pero, ahora eso ha pasado. Ya no tenemos ningún Dios y sólo ‘tenemos tiempo’ para la central técnica o económica que nos manda. Al caerse ese Dios cristiano, como modernos estamos resueltos a conquistar el cielo y la tierra. Pero, cuando decimos cielo nada tiene que ver con lo divino, el cielo para el hombre moderno sólo es un lugar para sacarle provecho o para sentirse bien, o para objeto de estudio. Pues bien, este hombre sin Dios ha sido necesario para librarnos por fin del cristianismo, un cristianismo que no daba señales de caducidad. Este hombre es al que nos referimos cuando decimos que anda torcido haciendo de la vida un negocio, o sea, todo lo que hacemos nosotros diariamente. Este hombre ha roto con el cristianismo y en eso tiene su bendición, pero, la tarea que nos proyecta lo poético es grande. A lo mucho que podemos aspirar habiendo matado el cristianismo, es a ser, como decíamos, unos PITZOME, es decir, ‘unos puercos de la tierra’. Es decir, es mejor, en todo caso, ser unos puercos de la tierra que unos seres artificiosos que nada tienen que ver con la existencia. El cristiano refiere todo “lo contrario” a la poesía pensante de los aztecas o los griegos. El católico o cristiano está proyectado hacia un paraíso, la vida eterna y la paz. Por su parte el hombre moderno está inserto en el poder que extiende sobre la tierra, su querer es ‘voluntarioso’, pero ya no refiere un mundo más allá, su ciencia también nació de los griegos pero desde el error. Así, pues: ¡que importa -dice Zaratustra- adelante! Si el precio que se tiene que pagar es ser un puerco de la tierra el hombre moderno lo está haciendo al pie de la letra: se revuelca en el lodo pensando que son riquezas. Dice el pensador Nietzsche: Jugamos con la carta de la verdad, la humanidad puede estar en juego, pues, ¡adelante!
nota bene: la verdad es como la raiz de de un árbol, el árbol es sostenido por algo que no está ante los ojos.
Fecha: 20/09/2008 03:49.
Autor: Mtro. en Filosofía: raymundo rosales villegas
En verdad que la diosa luna: “La de los cascabeles en las mejillas”, no la descubrió ningún hombre, ella misma nos descubrió en su noche, en la-noche-del-mundo-de-las estrellas.
¡No hay nadie, no hay nadie! –grita alegre el dios Tezcatlipoca en la encrucijada,
es decir, en la “calzada de los muertos”, donde está destinado el pasar y el estar del hombre. La calzada de los muertos es la calzada de los vivos, siendo lo mismo: el encuentro de la luz del sol y la noche de la luna. Con su luz, el sol la toma; con la luz del sol, la luna se embellece, y cuando se embellece. ¡Nos hipnotizan sus cascabeles!
La luna se da
sólo cuando el sol la toma:
y esto es el amor.
que yo sea
que tú seas
que él sea
que ella sea
que nosotros seamos
que ustedes sean
que ellas sean
que ellos sean
Amen. Amén.
Fecha: 19/09/2008 22:19.
Autor: raymundo rosales villegas
¿Qué quiere decir: ¡Coyolxauhqui me eligió a mí!?
Sin duda podemos decir bastante, pero una de las cosas que podemos referir es preguntarse quién es Coyolxauhqui en esta época de penuria, ¡…porque somos menesterosos! dicen los poetas.
Recordando, lo más o menos cercano. Uno es recordando a Moctezuma cuando le dice a los enviados de los dioses algo así: “Hace días pensaba en la Región de los muertos, pero ahora tú has llegado de entre la niebla, de entre la noche”.
La luna, en una de sus infinitas fases, le arranca el rostro, le arranca el corazón al hombre en la tierra. Este hombre está entregado a los apetitos de la noche.
Yo soy un destino, en el caso de que Coyolxauhqui me haya elegido a mí, porque soy un poseído, como un hombre “conejo” que va por donde él quiere. Como un hombre que se evade él mismo de lo divino. Si quiere jadear, jadea; si quiere estudiar, estudia; si quiere contestar el teléfono y trabajar horas extras.
Otra es aquel hombre que da la noticia y que viene del la costa: sin orejas, sin dedos de los pies…
Como un incompleto, como un destazado…
¡Cuidado con lo que decimos!
Aunque ya en lo que hemos escrito hemos referido algo muy distinto de esto…
Fecha: 20/09/2008 00:14.
Autor: raymundo rosales villegas
Es absurdo que se hable de la grandeza del pueblo azteca y no existan seminarios especiales: I, II, II, IV, V, VI, VII Y VIII, de poesía azteca en filosofía, en tronco común, en antropología, en danza, en teatro, etc. Enarbolamos a los ‘antepasados’ y no somos capaces de comprenderlos ni siquiera un poco. En prepa o bachilleres, que las calaveritas sean mejor poemas recitados.
El hombre ‘se vuelve’ de nuevo a la tierra, donde sólo una vez se vive, o se sueña que se vive. Hemos dicho que es una degradación de los poemas aztecas las ‘calaveritas’ famosas, sin embargo ahí están, como los danzantes… Estos van a las iglesias, conceden fiestas religiosas cristianas, por qué, no sabemos. Es inútil tratar de enseñar lo que los poemas intentan decir. Cuando comprendemos lo esencial del lenguaje poético lo que menos tenemos que intentar o desear es querer cambiar el mundo. Cuando se tiene este deseo revolucionario (latinoamericano, marxista, humanista, católico, socialista, existencialista, idealógico, científico) se echa todo a perder. Porque precisamente lo que nos muestra la poesía es un lenguaje originario, es decir, un lenguaje que por primera vez determina la situación del hombre en la tierra, no un lenguaje autoimpuesto, como nuestra gramática moderna que calcula, disecciona, objetiva, especula; y que está a punto de devastar la tierra, aunque de esto todos hagan caso omiso. Cómo es posible que la ciencia y la tecnología no descansen en su tarea de destruir el mundo. Ni los hombres mismos podrán evitarlo porque, decimos, están determinados por la tradición, por el espíritu de salvación, de investigación: no hay ningún problema que el hombre crea o no crea en un Dios, por, ejemplo, mientras se dedique a lo científico. El ‘hombre’ no importa, todo lo que es un hombre se olvida cuando las investigaciones, el método, los resultados, las publicaciones, los enlaces, etc., etc., se llevan a cabo.
El lenguaje se mueve; si hay por ejemplo una o muchas contradicciones en lo que hemos dicho, lo importante es no intentar debatir para refutar, sino intentar comprender de lo que se trata. Si decimos, por ejemplo, que los científicos meramente ven lo “material”, lo que se puede medir, calcular, apoyar, etc., no nos estamos refiriendo a esa vieja oposición entre lo material y lo espiritual, esta dicotomía ha pasado a ser “superada”, en el sentido de que uno ya no se comprende ni en la objetividad científica ni el ‘más allá’ cristiano. Si usamos las palabras materialmente, materia, etc., sólo es para darse a entender, es decir, que el lector no se pierda y sí se imagine tan siquiera un poco de lo que se trata. Nosotros lo estamos intentando. Aunque seamos modernos, somos católicos, no podemos evitarlo, sin enbargo…
Hablando de contradicciones, el lenguaje poético lo único que nos enseña es a escuchar, a hablar, ha dialogar, a diferenciar. Realmente nos pone en nuestro lugar porque es un canto prestado, del todo nos vamos. Sólo los cantos permanecen. Nosotros morimos.
El lenguaje poético nace como nace una flor, brota como brota un fruto, inspirado por una necesidad que determina todo saber o conocimiento humano. El lenguaje poético comprende a la verdad como acontecimiento, no como conocimiento.
Coyolxauhqui nos descubre en su noche, sin embargo, Coyolxauhqui es una diosa, terrible, como la tierra, pero una diosa al fin. Es por ello que la noche en la que estamos sumergidos nos marca el residuo divino de la existencia. Por tanto, la noche de Coyolxauhqui, es la noche sagrada de los dioses huidos. Esta noche sagrada es nuestra.
Fecha: 22/09/2008 21:36.
Autor: raymundo rosales villegas
La luna es un espejo. El hombre un reflejo. El reflejo es un ‘conejo’. En época de oscuridad, es decir, en la época en la que los dioses han huido, los hombres se reflejan desmembrados: el hombre no atiende el derecho sagrado de los dioses. Eso es todo.
Sólo se alcanza a vislumbrar acaso un poco el hombre azteca cuando hemos roto de una manera determinante con el cristianismo y el cientificismo moderno. Decimos determinante porque en nuestra época mundialmente las religiones y las ciencias se relacionan para darse un sentido, están ávidas de ello.
Por un lado el cristianismo dirige su mirada al ‘más allá’ y por otro lado el cientificismo marca la ‘objetividad’. Los dos aspectos marcan algo insólito: el ‘más allá’. La objetividad lo marca en el sentido de que separa el mundo del hombre. Tiene la creencia ‘inmadura’, o ‘infantil’ de que el mundo puede existir aunque no existan seres humanos, es decir: la ciencia sostiene que el mundo tiene o puede tener existencia independientemente de los seres humanos.
Con base a experimentos, pruebas, resultados, investigaciones, métodos, conclusiones, etc., la ciencia especula el origen del mundo o de la vida. No se da cuenta que puede referir a esos experimentos, resultados, etc., sólo gracias a que ‘ahora’ ya existe el pensamiento científico, pero que para que existiera el pensamiento científico tuvo que haber ocurrido ya que el conocimiento científico haya surgido en la existencia. Es decir, por miles de años el hombre de distintos lugares de la tierra ha hecho experimentos que ahora es posible llamarlos ‘científicos’. Los chinos, los mayas, los egipcios, etc., decimos que hicieron grandes logros o que ya conocían ciertas cosas que los hacen ver como civilizaciones avanzadas. Sin embargo, ninguno de ellos impuso lo que hoy un científico podría decir que es la ciencia. Los únicos a los que se les develó la necesidad que oculta el mundo han sido a los griegos. Grecia es la cuna de la mundialización, de la occidentalización del mundo, es decir, del mundo de la técnica.
Pues bien, si existe lo que hoy llamamos ciencia es gracias a que en algún momento ocurrió. No es ninguna casualidad que todos los países del mundo hayan establecido en ellos mismos la estructura occidental: sus instituciones, sus métodos, sus enseñanzas, etc. El camino de la ciencia no debe comprenderse como evolución, sino como acontecimiento. Es posible que se diga que el hombre actual es más evolucionado que Pitágoras o Platón sólo porque el hombre actual ha inventado el celular, las naves espaciales, o las bombas de nitrógeno, pero eso es un error esencial: en los griegos se develó el pensamiento gracias al cual nosotros nos comprendemos (el logos) ―no se piense que tenemos una estructura científica o unas categorías en nuestro mundo o en nuestra cabeza. Por primera vez surgió en Grecia un pensamiento que violentó a los años futuros a los que nosotros llegamos. No fue, como se suele decir, ‘poco a poco’ que hemos avanzado en el conocimiento hasta nuestra época. Sino que de momento surgió, y sólo así puede surgir la historia. Pensar así es pensar.
Los griegos inauguraron el pensar tal como hoy día se ‘percibe’ en el mundo (sólo que de distinta manera). Cuando nosotros llegamos al mundo ya lo había inaugurado Grecia. No fueron los chinos, no fueron, los árabes, no fueron los egipcios, no fueron los mayas, etc., a pesar de que podríamos decir, visto desde la evolución, que ellos eran avanzados en algunas cosas. Gracias a lo que ocurrió en Grecia es posible en la actualidad especular sobre el origen de la vida o demostrar que las aves guardan su origen los dinosaurios. La ciencia en nuestros días es la misma que los griegos inauguraron, sólo que de distinta manera. Los griegos violentaron a la necesidad misma que los sometía y violentaron la necesidad miles de años al futuro, y nosotros somos ese futuro…
Es bastante difícil hacer comprender esta ‘postura’ ya que, si algo nos impide comprenderla, es nuestra tradición católico moderna del mundo (aunque no seamos católicos parece que sólo por tradición, traición, o estupidez lo somos). Para comprender a los griegos primeramente se tiene que querer ‘comprender’, no neciamente aferrarse a lo que ya se sabe. Porque lo que ya se sabe es lo que determina nuestro comprender, y si no se quiere romper de raíz es