El río Magdalena tiene una longitud aproximada de 20 kilómetros desde su nacimiento, en la delegación Cuajimalpa, luego
cruza un poquito por Alvaro Obregón y llega a la Magdalena Contreras, toca una parte de Tlalpan y termina en el Eje 10 Sur, de nuevo en Alvaro Obregón.Afortunadamente, indican, gran parte del afluente se encuentra en suelo de conservación, luego cinco kilómetros de su extensión se haya en suelo urbano, no entubado, y posteriormente se entuba y se transforma en drenaje.
Este río vivo tiene un afluente de 1.15 metros cúbicos por segundo, pero en época de lluvias puede subir hasta ocho metros cúbicos por segundo, y bajar hasta 400 litros cúbicos por segundo durante el estiaje.
El río Magdalena ha ofrecido desde siempre sus riquezas a la comunidad. Muy cerca de sus orillas todavía existen pueblos originarios que viven ahí desde antes de la Conquista, como San Nicolás Totolapan (que en náhuatl significa Lugar de los Guajolotes), pueblos que aún hoy mucha de su agricultura y sobrevivencia dependen del afluente, porque cultivan jitomate orgánico, entre otros productos.
Durante los siglos XIX y XX, varias fábricas se asentaron a las orillas del río para aprovechar los recursos que les proveía, una de ellas fue la fábrica de papel de Loreto y Peña Pobre, otras del ramo textil y también ahí se hicieron Los Dínamos, que generaron en su momento electricidad para la zona.
Actualmente existen asentamientos que impactan directamente al río, como los conocidos como Sayulita y El Ocotal, por lo que enCauce considera como parte de su proyecto crear ecobarrios que sean autosustentables con el fin de que no impacten en el río.
Fuente: La Jornada

