La semana pasada escuché en la radio a una señora muy indignada por lo que estaba sucediendo en el Congreso de la Unión, lo que parecía una preparación de un nuevo saqueo al pueblo mexicano, la reforma del sistema de pensiones del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado.
¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué tanto jaleo? ¿Es en realidad algo parecido a lo que sucedió con el FOBAPROA?
¿Por qué reformar el sistema?
Ustedes imaginen que en el sistema actual, los trabajadores del estado pagan sus cuotas y ese dinero se va a una gran cuenta, de la que se toma dinero para pagarle sus pensiones y otras prestaciones sociales a los que ahorita ya están jubilados. Esto es que nada asegura que realmente se vayan a pagar las pensiones en el futuro a los que están pagando ahorita, puesto que ese dinero se va a las pensiones actuales.
Esto funcionaba muy bien cuando la próxima generación era más grande y podían pagar a la anterior sus pensiones, pero el México actual no es el de hace veinte años, y ahora el crecimiento de la población es mucho menor, así como la gente empleada por el sector público. Además, era más fácil de administrar. Debido a que lo mismo sucedía en el IMSS se tuvo que reformar el sistema. Y entonces, ahora quienes trabajan tienen una cuenta de ahorro llamada Fondo de Ahorro para el Retiro. Cada quien aporta (también el gobierno y los patrones), y ese dinero genera intereses y regresa a nosotros cuando nos retiremos. Entonces la diferencia es que uno ahorra para su propio retiro en lugar de estar cooperando para los actuales jubilados.
Por otra parte, el sistema de pensiones registra un déficit muy alto, debido a que hay más gente jubilada y recibiendo prestaciones que la que pueden pagar los actuales trabajadores. Entonces, de nuestros impuestos se pagan las pensiones a los actuales jubilados. Si esto es justo o no, pues nadie lo sabe. Como en toda decisión económica, ¿qué prefiere uno? ¿vida digna a un pensionado, un parque, investigación científica o un narco tras las rejas? Porque el dinero no da para todas. Sin embargo, para generaciones futuras, si pasa la reforma de ley del ISSSTE, los trabajadores del estado se van a pagar solitos sus pensiones (así como nosotros los no-burócratas) y el dinero que no pierde el gobierno en estarlo pagando lo puede meter a seguridad, educación, ciencia, o cosas sociales.
¿Por qué no reformar?
El principal argumento que he escuchado en contra de la reforma es que el dinero va a parar a los bancos, ya que éstos van a adminsitrar estos fondos tal como sucede con lo FORES. No obstante, los bancos en México son perversos. Cobran comisiones altísimas, se meten en la política de maneras poco honestas, y tantas cosas más. (Jajajaja, es cierto.) ¿Por qué dejar que cuiden el dinero de los pensionados?
Y por otro lado, la ley que se aprovó dice que ese dinero va a ser administrado tres o cinco años, no me acuerdo, antes de que el trabajador pueda decidir, por organismos subordinados a los sindicatos. Si Elba Esther lo decide, entonces mete millones de pesos en CETES y se queda con los intereses. Así de fea está la cosa.
¿Y entonces?
Pues la verdad, como siempre, la política resulta asquerosa, pero creo que las ventajas superan a los puntos en contra. Además, como está pasando la ley, los actuales pensionados van a seguir recibiendo el mismo dinero. (Incluyendo a gente como un familiar mío que tiene dos pensiones y se jubiló a los 45.)


En la teoría:
El primer esquema corresponde más a una comunidad de apoyo mutuo y solidaridad, tiene un enfoque social. Hoy pagamos las pensiones (por cierto bastante raquíticas la mayoría) de los jubilados, y mañana los jóvenes pagarán las nuestras.
El segundo se corresponde con un esquema individualista (nada malo en sí) de libre mercado, donde cada quien ve por sus intereses y el participar y cooperar dentro de una comunidad regulada pasa a un segundo plano. Es el “ráscate con tus propias uñas”.
Ambos sistemas tienen sus ventajas, y ambos se van al traste por una mala administración de los recursos. Nada nos garantiza que los burócratas no harán desmadre y medio con el dinero público en el primer caso.
Y nada nos garantiza tampoco en el segundo, que en caso de una crisis económica (como la del 95) varios bancos no se disuelvan o fusionen y se lleven con ellos el fondo de ahorro de varios miles de personas, o metan este dinero a “corralitos” como en el último gran descalabro financiero en Argentina.