La música, como todas las demás expresiones artísticas del período del barroco, invade, disloca e impulsa la totalidad del espacio donde habita. Impetuosa, extravagante, delirante, no conoce ataduras. Así como en las artes plásticas donde no hay espacios lisos, blancos o pasivos, en la música barroca todo es movimiento, movimiento vertiginoso gestado desde el bajo continuo para alcanzar el último sentido del pulso de la vida terrena, en franca comunión con el éxtasis celestial representado por una ornamentación que se reinventa a cada instante. Arte histriónico, dispuesto a alcanzar el trueno, la luna o la cantera, he aquí su cálida y deslumbrante historia.
Miércoles 28, 19:00 horas Salón Dostoievsky Cuota de recuperación: $100.00
Fuente: Casa Lamm

