Que no se entienda mal: no me gusta la obra de Frida Kahlo, hablar de su persona es otro tema. Tema que precisamente ha recogido Luis González de Alba en su columna La Calle en Milenio. En esta ejecuta un análisis a veces exagerado pero bien explicado de la conexión entre Frida y los males del “Folclore Mexicano”, que no es otro sino el vendido al mercado de las chucherías tan bien recibidas por los visitantes extranjeros.

Lean esto nada más:

Vayamos por partes: Frida con sus vestidos de tehuana es el ejemplo de la mujer incapacitada para trabajar en una fábrica, hasta, vaya, para subir en camiones y desplazarse al trabajo; como pintora es ejemplo de invención por el mercado del arte gringo. La época de Frida y Diego es la del nacionalismo barato en el que se cimentaron las políticas que nos atan, todavía, a la pobreza y los defectos que incapacitan al pueblo mexicano.

Y en ese tono va todo el artículo; nada mal para conocer los pensamientos de otros que, como yo, odian a Frida… aunque sigo sosteniendo: simplemente no me gusta su obra.

Vía: Disiento, luego existo