Dejando atrás las incidencias jocosas que se puedan extraer del asunto de Zhenli Ye Gon, cualquier hombre sensato reconocería la presencia de rastros mezquinamente oportunistas en el acontecimiento. Que un chino–mexicano venga a alborotar –en toda la vulgaridad de la palabra– el clima ya caldeado entre la clase política del país (y de paso a nosotros, sus gobernados) me resulta hilarante y preocupante. Con su rostro de santito no le concedo ni el más mínimo pecado; el chino es (demasiado) inocente. ¿Qué esconde? O mejor elaborado, ¿a quiénes esconde?

Cito parte de un texto de Alejandro Envila Fisher publicado en Rumbo de México:

La versión del chino Zhenli Ye Gon parece tan absurda e inverosímil, que sólo puede entenderse como un burdo golpe político a la administración calderonista, el mismo día en que festejó el aniversario de su triunfo electoral. […] En política no existen las casualidades, y quien sea que mueva los hilos del montaje dejó evidencias de su maniobra desde el momento en que concertó la entrevista de Zhenli Ye Gon con la agencia noticiosa Asociated Press (AP), y en lugar de darla a conocer inmediatamente, la circuló cuando el presidente Calderón y su partido celebraban el primer aniversario de su victoria. electoral.

Creo que resume muy bien el verdadero eje sobre el cuál gira el interés por el caso.

Para aquellos quienes no están totalmente informados, recomiendo la lectura del artículo, pues aborda la materia concisamente sin obviar el espacio necesario para la reflexión. Es de extensión considerable, por lo que quizá resulte más cómodo leerle en un sitio sin distracciones.

Los invito a aportar sus comentarios.