Acabo de leer un completísimo artículo sobre Carlos Slim en el Wall Street Journal firmado por David Luhnow. Me gusta el análisis objetivo y su simpleza; no comete errores de omisión. Como es obvio que no domino la materia –ni me acerco a un grado de principiante– lo mejor que puedo hacer es dirigirles al trabajo. Es lo bastante extenso pero resuelve en una interesante monografía del personaje que, hoy por hoy, se estima como el más rico del mundo.

Un párrafo de los más contundentes, para estimularlos:

¿Cómo logró este hijo mexicano de inmigrantes libaneses llegar a estas cimas? Lo hizo al ensamblar monopolios, algo parecido a lo que hizo John D. Rockefeller con la industria de la refinación de petróleo durante la era industrial. En el mundo postindustrial, Slim ha construido un baluarte en torno a la telefonía en México. Sus compañías Teléfonos de México SAB (Telmex) y Telcel controlan 92% de todas las líneas fijas y 73% de la telefonía móvil, respectivamente. Al igual que Rockefeller en su momento, Slim ha acumulado tanto poder que es considerado un intocable en su país, una fuerza tan grande como el Estado mismo.

Enlace: La fórmula que convirtió a Carlos Slim en el hombre más rico del planeta