La verdad nuca he sido muy fanática de los restaurantes VIPS, el sabor de su comida no es espectacular y el servicio que dan no es precisamente bueno, pero el domingo decidí asistir con mi familia a uno de ellos por la variedad de platillos que ofrecen y porque lo vimos de paso a nuestro restaurante de comida china favorito al cual no todos queríamos asistir en esa ocasión.

El VIPS al que asistí está en Av. Sor Juana, esquina con Vía Gustavo Baz en el Tlalnepantla, en el estado de México, desde el principio el restaurante se veía vacío, cosa que no fue muy rara ya que éste se encuentra en una zona industrial, ingresamos y cada quién pidió su plato que en la foto se veía muy apetitoso, el tormento empezó cuando se tardaron más de una hora en traerlo, tiempo en el que la mesera nunca se apareció.

Cuando nuestros platos al fin llegaron todos quedamos asombrados, uno de ellos que era un rollo de carne con flor de calabaza empanizada parecían desperdicios de carne para perro, las zanahorias de una de las ensaladas estaban sin pelar, el brócoli sin cocer y los champiñones directo de la lata, mis enchiladas sumamente frias, así que pedimos que nos cambiaran todo.

Uno espera que cuando llama al gerente, éste vaya de inmediato, pero no, en lugar de eso huyó y se escondió no se dónde, luego de que una mesera nos atendió y se llevó los platos tardaron como media hora y no regresaban con nuetsro pedido, fu entonces que decidimos irnos, pero teniamos que pagar las bebidas cuando pedimos la nota,  tenian que cancelar la orden y para eso se tardaron otros 15 minutos hasta que nos leantamos de la mesa y nos dirigimos directamente con la cajera, nadie sabia qué hacer, al final solo consumimos bebidas, no crean que fuimos los únicos pues varios se levantaron de sus mesas por los mismos motivos.

Lo único que quiería ese domingo era comer con mi familia, pero no vuelvo a asistir a ese tipo de restaurantes por que su precio y la calidad de su comida no tienen nada que ver, la calidad peor que la de la cafetería de la universidad y los precios como del triple, al final terminé en la comida china.

Moraleja: No regalen su dinero