Apenas el pasado jueves Eduardo Arcos escribía en ALT1040 una interesante reflexión sobre la publicidad que se exhibe en las salas de cine previa a las funciones, y el doble rasero de las empresas que se benefician de ello, pues cuando la gente usa las redes P2P para compartir sin costo una película, la industria cinematográfica habla de piratería. Cuando son ellos los que te tienen cerca de 20 minutos esperando, mientras proyectan un anuncio tras otro, no parece haber problema.

El martes, en su calidad de senadora, la actriz María Rojo envió a la Cámara de Diputados una iniciativa que se propone establecer un impuesto de proyección de avisos comerciales en salas de cine. En su exposición de motivos, la legisladora asienta que actualmente “ir al cine es enfrentar, sin defensa ni derecho de réplica, el bombardeo de avisos comerciales que incluye su exhibición previa a la de la película que motiva sus asistencia a la sala”. Una especie de gravamen extra por cada boleto comprado en taquilla.

Luego de hacer una estimación del costo promedio de la publicidad por semana y por sala se establece la obligación de pagar 208 mil pesos anuales por pantalla. Considerando la existencia de 2 mil 666 salas de cine en todo el país, el monto ascendería a 55 millones 452 mil 806 pesos.

El problema se encuentra en que mientras esto es presentado como una compensación para el espectador, la iniciativa propone que el dinero vaya al fomento y apoyo de la cinematografía nacional, que objetivamente no beneficia al público.

Habría que ver si esta iniciativa de María Rojo no tiene el efecto de su anterior propuesta —el peso en taquilla— que pretendía destinar un peso de cada entrada vendida para el apoyo a nuevas producciones, que sólo originó el aumento en las entradas, sin que las bondades se vieran por ningún lado.

Enlace: La iniciativa para establecer un impuesto a la proyección de comerciales en salas de cine.