La notoriedad que ganó el periodista de espectáculos Fabián Lavalle a raíz del incidente en el que se vio envuelto en octubre pasado ha sido motivo de titulares escandalosos en los medios impresos, de reflexiones un poco más serias sobre las máscaras de la farándula y de bromas más o menos crueles, como ésta que recupera una vieja campaña del Instituto Nacional de las Mujeres contra la violencia de género.

Habrá quien considere de mal gusto el fenómeno, pero más allá de lo gracioso —o no— que pueda resultar este caso, esto es el pan de cada día en nuestro país. La autodegradación, la fama ligada a la muerte violenta, la notoriedad ganada a golpe de titulares escandalosos. Como reclamaba Carolina Aranda Cruz al presidente Calderón, en junio pasado, nuestras prioridades andan mal.