Los diputados mexicanos ocupan desde hace tiempo los últimos lugares de confianza entre la población. Y no sin razón. Antes de su fiesta de fin de año en el Hotel Sheraton del Centro, que obviamente se pagará con recursos públicos, los legisladores del PAN y el PRD han iniciado otra pelea estúpida, pero no derivada de la discusión de un dictamen, sino de una comedieta montada por los primeros.

Un grupo de 14 panistas que se han autodenominado Los macacos de San Lázaro, se encuentran ensayando —en oficinas públicas de la Cámara e incluso en días de sesión— una pastorela que recrea el conflicto entre Andrés Manuel López Obrador, a quien denominan “rey chiquito con delirios de grandeza y paranoia crónica”, y Felipe Calderón, a quien se refieren como “San Felipe Martir” o “Mesías Redentor” o “Legítimo”. Esto sin incluir las referencias a la toma de la Catedral Metropolitana por un grupo de perredistas y algunos diálogos resentidos contra los medios que suelen exhibirlos.

En el PRD, donde el tema del proceso electoral de 2006 sigue siendo una herida sin cerrar, los adjetivos ya comenzaron. El diputado federal Pablo Trejo ya les colgó el término de “dipuactores sin gracia ni picardía” y les recomendó dejar atrás sus “fobias” para concentrarse en “cómo le vamos hacer para evitar que el próximo año no se dispare la inflación y qué medidas se tienen que tomar para frenar el narcotráfico”. Buena sugerencia; ojalá tuvieran calidad moral para hacerla.

Vía: El Universal.