autobus-rtp-mexico.jpgA mediados de este mes, Jessica Uribe comentó aquí la iniciativa del Gobierno del Distrito Federal de destinar unidades exclusivas de RTP para el uso de mujeres, con el fin de que viajen más cómodas y —principalmente— evitar que sean víctimas de faltas de respeto y acoso sexual. La medida ha sido aplaudida, pero muy poco analizada con seriedad respecto al cambio que realmente genera en la vida de la capital.

El primer y más importante asunto es que mientras la intención es ir aumentando el número de rutas que prestan el servicio y la cantidad de autobuses especiales, el aumento en la flotilla no ha sido un paso que se antojaría lógico. De tal modo, esta protección a mujeres que se viene instrumentando se ha traducido en un peor servicio para quienes no gozan de trato preferencial. Es decir, miles de usuarios tienen que esperar el doble de tiempo para abordar una unidad "permitida", con la consecuente saturación del servicio.

La idea de gobernar para todos no puede partir de criterios excluyentes o de favorecer a unos en detrimento de la calidad de vida de otros. Crear autobuses especiales para que las mujeres viajen cómodas implica que los hombres no tienen derecho a ello; juzgar que por un puñado de agresores todos los hombres son unos animales, significa que la autoridad no desea hacerse cargo de castigar ejemplarmente a quienes acosan y de hacer una ciudad más vivible para todos. Hace días hablábamos del trato que como ciudadanos de segunda se les empieza a dar a los fumadores; ¿por qué ahora se criminaliza por género?