Estamos a unos días de que en la Ciudad de México se inicie la discusión de una iniciativa para permitir el cambio de sexo y la reasignación de identidad, en un intento por garantizar plenamente los derechos de los transexuales. De hecho, desde enero de 2004, el Código Civil para el Distrito Federal permite a los ciudadanos promover un juicio para modificar el nombre u otro dato esencial que afecte el estado civil, la nacionalidad, el sexo y la identidad de la persona.
Sin embargo, existe un elemento que ha impedido que una mayoría de los hombres que se sometieron a tratamientos quirúrgicos u hormonales para convertirse en mujeres, consigan el cambio en su acta de nacimiento: jueces de lo familiar que desechan la solicitud bajo el argumento de que “el sexo lo determinan Dios y la naturaleza, no el hombre”, además de que aseguran que el solicitante tiene problemas de identificación o mentales.
Los pocos que tienen éxito, empero, no logran evitar que se anote al margen de su acta de nacimiento una leyenda en la que se hace saber a terceros que el documento fue rectificado por el cambio de sexo, aspecto que estaría considerado en la ley que eventualmente aprobaría la Asamblea y que obligaría a expedir una nueva acta que no revele la condición de la persona. Desprejuiciadamente, valdría la pena considerar el tema y opinar qué tipo de ley nos conviene, qué elementos vale la pena impulsar con mayor énfasis y qué otros son sacrificables en aras de un documento que beneficie a la mayor cantidad de gente posible.
Vía: Milenio.






Yo digo que si y pero en algunos casos que no. Por eso es que algunas veces no estoy a favor pero otras sí.
Yo ya no quisiera tener esa porquería entre mis piernas llamada pene tampoco los incomodos testículos.
Sólo quiero ser normal anatomofisiólogicamente, sueño con tener mi vagina como debe de ser.
En México no se ha avanzado en cirugías de reasignación sexual sufragadas por el sistema sanitario nacional.