Ghandi

Ya ha pasado una semana desde los horrendos atentados ocurridos el 15 de septiembre en Morelia, reflejo de la desestructuración que vive el estado derivada en delincuencia (tema que trataremos en otra ocasión), a más de una semana de que se prometieran investigaciones no se ha encontrado nada fidedigno, y en cierta forma sabemos que no se encontrará absolutamente nada, con suerte al final se presentará algún chivo expiatorio si es que la sociedad lo exige y no termina olvidando como tantas veces lo ha hecho.

Este suceso, que marca el cenit de la delincuencia y corrupción en México, ha levantado miles de voces que van desde la destitución de funcionarios hasta la destitución del mismo presidente, también ha levantado miles de exigencias al gobierno local y federal acerca de las soluciones, exigencias que el gobierno contesta con débiles acuerdos contra la delincuencia y medidas infantiles.

La cruel realidad es que el Gobierno no realiza sus funciones debido al peso económico de la corrupción, y la sociedad alimenta a la delincuencia gracias a un complejo sistema económico popular basado en la ilegalidad, derivado inicialmente de las adversas condiciones sociales y económicas y que finalmente han sido aceptadas como modus vivendi nacional.

¿A qué me refiero? Básicamente a todos esos actos que nosotros, la sociedad, el pueblo o como queramos llamarnos, ejecutamos diariamente tales como comprar piratería (de cualquier tipo), ejercer el comercio informal, no denunciar actos delictivos, ser partícipe de la corrupción por comodidad, y un larguísimo etc.

Y es que la delincuencia, consciente de su entorno y del miedo del pueblo, ha crecido precisamente en los negocios ilegales tolerados por la sociedad , ejemplos hay muchos, desde los Zetas controlando el mercado de Discos Piratas en Veracruz (con todo y precio homologado), hasta la Familia en Morelia que prácticamente podría fungir como instituto Hacendario ya que prácticamente controlan cualquier mercado ilegal en la zona, desde el policía al cual le otorgamos la mordida por no ir al corralón, hasta esa ocasión que observamos un delito en plena vía pública y no pedimos ayuda.

Y es que actualmente todo recurso económico usado por la delincuencia lo provee la sociedad, peor son aceptados como parte del modus vivendi de todos nosotros, es por ello que en paralelo de las acciones atinadas o desatinadas que el Gobierno tome en la materia, es tiempo de que la ciudadanía tome la resistencia civil como arma en contra de la delincuencia, y no me refiero a atacar fuego con fuego sino simplemente mantenernos dentro del marco legal (no comprar piratería, no consumir en locales ilegales, denunciar delitos, no dar mordidas, etc), tal cual lo hizo Gandhi (con distinto propósito): combatir sin luchar.

Porque en las manos de la sociedad está su futuro, no en los gobiernos, marchas, acuerdos, mesías, o figuras públicas, recordemos que todos cosechamos lo que sembramos…

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