Uno de los logros de cada año de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara es volver caótico el tráfico de Mariano Otero y Av. de las Rosas. Fuera de eso, la promoción cultural de la literatura tiene matices en la percepción de la gente.

Oficialmente, se dice que acudieron 600 mil asistentes al evento tapatío. Eso ya es bueno, hemos oído infinidad de veces que los mexicanos no leen, y ya sabemos que al menos 600 mil tienen esa intención.

Hubo de todo, gente que se queja de que se vuelva un evento social y nada más se pasea para darse baños de pseudointelectualidad, hasta braceros que aprovecharon los reflectores y se manifestaron frente a Carmen Aristegui y Lydia Cacho por el trato que les ha dado el gobierno federal. Eso sin mencionar a los moneros que tuvieron su séptimo encuentro de la caricatura e historieta.

En fin, que esperamos que Italia se haya sentido satisfecha de lo que vio en nuestra feria y que los visitantes piensen en regresar, incluso si sólo quieren farolear ya que la derrama económica favorece no sólo a unos cuantos.

Imagen: zolliker