Bar

El atentado contra Salvador Cabañas en el Bar-Bar ha puesto nuevamente a los antros en la mira. Como siempre, hace falta una tragedia para poner bajo escrutinio público una práctica que es habitual dentro de nuestro país. De pronto, los puristas salen a rasgarse las vestiduras, a preguntarse a gritos cómo es posible que un centro nocturno venda alcohol a deshoras. Y vienen las acciones rápidas: a clausurar el Bar-Bar, a revisar las licitaciones de las discotecas, a crucificar, linchar y meter al bote a quien sea necesario.

¡No me vengan con que acaban de descubrir al Bar-Bar! Si, el accidente lo ha puesto en el ojo del huracán, pero el establecimiento presume de 25 años activo sin un incidente de este tipo. El Bar-Bar lleva un cuarto de siglo formando parte de la vida nocturna exclusiva de la Ciudad de México. ¡Que las autoridades no finjan que lo desconocían! Si basta con hojear las páginas de las principales revistas de sociales para tener un listado exprés de estos sitios.

Recuerdo que hace unos años me contrataron para realizar la evaluación de imagen de un antro. Este establecimiento tenía fama de ser un after; es decir, abría cerca de las dos de la mañana y cerraba casi a las siete. Cuando pregunté sobre qué licencia tenía el local, el dueño me dijo que la de cualquier otra discoteca. Incluso me mostró que ya tenía un rubro en su contabilidad para permisos especiales. Así es, el antro ya tenía destinado un monto fijo semanal para dar la mordida y continuar con sus actividades sin que la policía interfiriera.

Les apuesto que menos de 10% de los antros en nuestro país (y mi estimación es generosa) cumplen con las reglas establecidas en la normatividad. Eso sí, ahora que está ahogado el niño, vendrán el endurecimiento, la cacería de brujas, el famoso caiga quien caiga. Pero todo, en el fondo, es una gran simulación. Así que no nos sorprendamos si aparecen las propuestas oportunistas, los chivos expiatorios, el circo de clausuras. Se expedirá justicia, sí, pero hasta que todo se olvide. Hasta que llegue otro escándalo, otra anomalía, otro hilo negro. Entonces, con la marea baja, descansarán los antros y la vida nocturna seguirá su rumbo. Porque el negocio del nightlife en México es próspero, y no hay que matar a la gallina de los huevos de oro.

Imagen: Alon_A