Escudo_Ciudad_Juarez

Mucho revuelo ha causado la propuesta del gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, de trasladar los tres poderes de la capital del estado a Ciudad Juárez. La iniciativa se da como una forma de paliar la ola de violencia (?) que se vive en la metrópolis fronteriza. La idea es que el gobernador, los diputados y los magistrados despachen desde Juárez, en tanto que los secretarios y coordinadores que integran el gabinete viajarán a la frontera conforme sean requeridos.

La medida, de carácter temporal pero indefinido, sería ejecutada a partir de este jueves 11. Sin embargo, primero debe librar el escollo del Congreso, puesto que trasladar los poderes de esta forma es anticonstitucional. El artículo 32 de la Constitución de Chihuahua estipula que “los Supremos Poderes del Estado deben residir en la capital del mismo, que es la Ciudad de Chihuahua y no podrán trasladarse a otro lugar, ni aún provisionalmente, sino por acuerdo de las dos terceras partes de los Diputados presentes”. El PRI, impulsor del traslado, cuenta con 15 de los 33 escaños, por lo que necesita aliarse para que la propuesta pase.

El PAN, que ha mostrado su desaprobación a la medida, podría aprovechar para concertar la renuncia del príista José Reyes Ferriz, actual alcalde de Ciudad Juárez. Reyes Ferriz -quien por cierto, reside en El Paso, Texas- sería la moneda de cambio para aprobar la iniciativa, amén de la desaparición de la Policía Municipal, y la creación de un nuevo órgano de seguridad preventiva.

Quedan muchas preguntas a raíz de esta medida. ¿Cuáles serían los costes económicos de mover de domicilio a los tres poderes? ¿Cuánto tardará en ser funcional el gobierno desde su nueva sede? ¿Qué ocurrirá con otras regiones del estado de Chihuahua? Sin duda, la propuesta de Baeza parece más un acto desesperado de demagogia para salvar la elección futura. Al final, de poco importa dónde residan los poderes si el gobierno local sigue demostrando su ineficacia para atender un problema que ha alcanzado proporciones dantescas.

La solución es ponerse a trabajar, señores.