Las leyes están aprobadas, las compañías sacan los productos de las escuelas, así que… ¿todos felices y contentos? No del todo. Aunque la Ley Anti Obesidad ha sido aprobada y varias empresas están retirando sus productos de las tiendas cooperativas, eso no garantiza que los niños mexicanos reciban una mejor alimentación. No sólo hay tienditas cercanas a las escuelas, sino que el Estado tampoco puede controlar lo que los niños comerán en sus casas ni en un futuro, cuando cumplan con su educación básica.

La Ley incluye una parte de concientización y educación a los padres, pero a menos que los mexicanos cambiemos radicalmente nuestra forma de alimentarnos, esto servirá de poco. Precisamente por la parte de cambio de hábitos, surgió un proyecto dirigido a educar niños y reeducar a sus padres. En un jardín de niños en Chihuahua se impulsó el proyecto de “huerta escolar.” Gracias a él, los niños aprenden cuáles son los mejores alimentos para ellos y cómo cultivarlos. Además, los productos cultivados se reparten entre los padres para que sean utilizados en el hogar.

Este es un programa que no cuesta mucho, cuya inversión inicial puede ser recuperada en pocos meses y que afecta de manera positiva al nivel más básico de educación. Al educar a estudiantes de jardín de niños sobre hábitos alimenticios saludables se podrían esperar mejores resultados en un futuro que al intentar cambiar las costumbres de estudiantes mayores, aunque aún así vale la pena intentarlo.

Dicho programa puede implementarse casi en cualquier escuela de todos los niveles, e incluso puede adaptarse a las características del suelo y del clima en diferentes partes del país. Y además de aprender sobre hábitos alimenticios saludables, es un buen experimento para la sustentabilidad.

Foto:Aires de Huerta