Después de mucha alharaca en torno a sacar la comida chatarra de las escuelas, la realidad ha superado al discurso. Una red de organizaciones civiles denuncia que Alonso Lujambio, titular de la Secretaría de Educación no retiró ni la comida chatarra ni los refrescos de la lista de productos autorizados para venderse en las escuelas. Estas ONGs reclaman que Lujambio cedió a la presión de las empresas al presentar una lista muy diferente a la que se presumió publicamente.

En el listado presentado por primera vez, el funcionario anunció todos los productos de empresas como Bimbo, Marinela, Barcel, Sabritas, Pepsi y Coca-Cola saldrían de los quioscos, cooperativas y tienditas escolares. Al final, las marcas pudieron más que la salud de los niños mexicanos, por lo que tendremos comida chatarra para el próximo año escolar.

Originalmente, el secretario de Educación Pública aclaró que no podrían venderse refrescos en los colegios, tuvieran o no calorías. También cargó contra los tacos, las flautas, gorditas, tortas con guisados fritos, molletes, tamales, pizzas, sopas instantáneas, hamburguesas, entre otros alimentos. Es más, se puso tan riguroso que incluso prohibió la leche entera, los jugos de frutas, y las verduras con alto contenido de sal (¡adiós, pepinos y jícamas con chilito, sal y limón!).

Sin embargo, al momento de entregar la lista a la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (Cofemer), Lujambio mantuvo la comida chatarra. ¿Será que la presión empresarial puede más que el futuro de un país? En México no me extrañaría. Después de todo, salir de las escuelas significa perder un pública cautivo de grandes proporciones. Este cuento ya me lo sabía: cuando desperté, los pastelitos, los refrescos, las frituras (y la incompetencia política, los poderes de facto, la falta de compromiso) seguían ahí.