El pasado 28 de julio, aspirantes rechazados a ocupar una plaza de estudiantes en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), marcharon rumbo al edificio de la Secretaría de Educación Pública (SEP) exigiendo un lugar en las universidades a las que solicitaron cupo. Organizados por el Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior (MAEES), estos estudiantes tenían un punto muy válido: no hay suficiente oferta educativa por parte de las instituciones públicas.

Sin embargo, aunque es obligatorio por parte del gobierno proveer de oportunidades equitativas para todos, en este caso en el ámbito educativo, no es obligatorio por parte de las instituciones de educación superior aceptar a todos los que lo soliciten. En especial universidades como la UNAM o el IPN, que son reconocidos a nivel mundial por la calidad de sus profesores, su alto nivel en investigaciones y por la capacidad de sus egresados, deben ser exigentes con sus estándares de admisión. En lo personal conozco a varias personas que fueron admitidas en la UNAM después de ser rechazadas al menos dos veces. Si bien un rechazo no es una razón válida para dejar de intentar algo, tampoco lo es para que las cosas se den de manera fácil y automática.

El lema de MAEES es “no aceptamos ser rechazados de universidades públicas.” Perfecto, una actitud de no conformismo ante el rechazo es una cualidad que más mexicanos deberían tener. Pero pedirle a las autoridades educativas ser aceptado en una institución determinada tras haber probado que NO cuentas con los requisitos básicos, es pedir que bajen los estándares y eso es algo que el sistema educativo mexicano no se puede permitir.

México es uno de los países con el nivel más bajo en educación superior en todo el continente, pedirle a las universidades que democraticen el acceso a la educación de esta manera no sólo es ilógico, es anti patriótico. México tiene que dejar de ser un país en el que sus habitantes esperan que papá gobierno les de todo rápido, gratis y, de preferencia, envuelto para regalo.

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