La selección mexicana femenil sub-20 concluyó su participación en el Mundial de Alemania al caer 3 - 1 contra Corea del Sur. Quien diga que celebrar una clasificación del combinado nacional a cuartos de final es mediocre, desconoce por completo las carencias del fútbol femenil en nuestro país. Ligeramente por encima del nivel amateur (y por muy poquito), el combinado mexicano está compuesto principalmente por jugadores que se desempeñan en ligas universitarias (tanto nacionales como extranjeras), y en pocos casos, en clubes de la Liga Mexicana Femenil. Basta una mirada al plantel para percatarse de la situación.

En mi trabajo comentarista deportivo en Puebla, he tenido la oportunidad de charlar con algunas jugadoras de la Franja de la Liga Femenil (una de ellas, Mirelle Arciniega, fue al Mundial) y es increíble cómo salen adelante con tan poco apoyo. Los campos en los que juegan algunos equipos son equiparables a los de una liga llanera, deben hacer vaquita para juntar el dinero de los uniformes, y qué decir de los traslados, donde es impensable un boleto de avión para trayectos largos. Mientras la Federación Mexicana de Fútbol se enriquece con el combinado varonil, las mujeres ahí van, calladitas, haciendo de tripas, corazón.
La falta de apoyo femenil no sólo pasa por lo económico, sino también por lo social. En lo personal, me sorprendió la cobertura mediática de los canales de TV abierta (aunque habría que preguntarse si hubieran hecho lo mismo si los juegos se empataran con la Liga Mexicana). Hubo un apoyo tímido de la afición, que no se acostumbra todavía a ver el fútbol femenil, muchas veces juzgado como lento, torpe y poco atractivo. (Por cierto, a que no sabían que México también aportó dos jueces de línea).

Para muchas de estas futbolistas, su mayor esperanza reside en obtener una beca para pagar sus estudios mientras el fútbol les aguante en las piernas. Hacer carrera como futbolista es prácticamente inalcanzable. Por esa razón es de aplaudirse este avance. México nunca había clasificado a una segunda ronda en un Mundial (y más en el grupo de la muerte, con Japón, Nigeria e Inglaterra), y lo hizo con autoridad, garra y trabajo en la cancha. Mención aparte para Roberto Medina, que apoyado por una leyenda como Leonardo Cuéllar, pudo llevar a estas chicas más allá de lo pronosticado.

Por eso yo sí festejo este pase. Por un triunfo como éste no debe ser minimizado, sino tomado en cuenta para aumentar la inversión en este deporte. El fútbol debe dejar de lado su componente machista, y estimular que las chicas lo practiquen desde edades tempranas (que buena falta nos hace), que nos quitemos los prejuicios, fomentemos la equidad a través del balón. Yo sí lo celebro porque cada gol, cada pase, cada atajada, costó sangre, sudor y esfuerzo. ¡Felicidades, chicas, ojalá me digan que juego como niña, porque ustedes sí ganan y se matan en la cancha!

Imagen: Mediotiempo