
Mañana es la infame fecha de entrada en vigor de la SB 1070, mejor conocida como “Ley Arizona” y que convierte en delito del fuero penal a la migración ilegal en el estado del cual toma su nombre. Desde su aprobación en el senado estatal y antes de la ratificación por parte de la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, esta nueva legislación se enfrentó al repudio no sólo de los migrantes legales e ilegales en Estados Unidos, sino a los gobiernos de sus países de procedencia (entre ellos México), quienes exigieron al gobierno estadounidense tomar cartas en el asunto.
Debido al grado de autonomía que poseen las entidades en Estados Unidos, su presidente, Barak Obama, no podía simplemente vetar la ley. Lo que sí se podía hacer, y de hecho se hizo, era mandar un proyecto a la Suprema Corte alegando que la ley violentaba las libertades individuales y esperar que los jueces tomaran una decisión que retrasara la aplicación de esta ley o que la invalidara parcial o totalmente.
El día de hoy, después de meses de deliberación, la juez federal Susan Bolton decidió bloquear las partes más polémicas de la ley. Aunque aún no se anuncia cuáles fueron esos fragmentos, Bolton declaró que basó su decisión no por apoyar la migración ilegal, sino porque la ley daba un margen muy amplio de maniobra a los agentes migratorios, lo cual podría causar diversos atropellos a las libertades humanas:
Hay una probabilidad sustancial de que los agentes detendrán erróneamente a inmigrantes legales bajo la nueva ley. Al aplicar esta medida, Arizona impondría una carga extraordinaria, inusual y característica a los inmigrantes ilegales que sólo el gobierno federal tiene autoridad para imponer.
Que algo quede claro, suspender ciertas partes de esa ley no significa que la migración deje de ser un delito, simplemente se redujo la posibilidad de hacer más fuerte la discriminación racial en Arizona. El que esta ley haya sido debilitada tampoco significa que los gobiernos mexicano y estadounidense puedan dejar de hacer su trabajo en lo que a la migración ilegal respecta.
Por el contrario. Esto nos ha demostrado que debemos hacer todo lo posible por reducir la migración ilegal y que debemos crear más oportunidades para los mexicanos en su propio país. O como dijo el presidente Felipe Calderón ante el Congreso estadounidense hace meses:
México no es un país que celebre el éxodo de sus ciudadanos; tampoco es un país que celebre la violación de las leyes locales y nacionales de su vecino del norte. Pero la solución al problema migratorio pasa por la prosperidad económica mexicana que pasa, inevitablemente, por la prosperidad de Estados Unidos.
Foto: El Economista










cieeertooo, el problema no es el problema mismo, sino lo que lo ocaciona, que es nuestro propio pais :/
Arrestos segregacionistas en tiempos de crisis neoliberal. Por: Aldo Callalli Pimentel. Lima-Perú. [email protected] http://cronopiocortazar.blogspot.com
Más de dos centurias nos separan de aquel histórico Congreso en Filadelfia donde se consagró la independencia norteamericana. Recuerdo una frase de Benjamín Franklin respecto del nacimiento de una nueva nación circunscrita a los rigores de una Constitución abierta al progreso: Where liberty dwells, there is my country, Donde mora la libertad allí está la patria. Los cimientos de la democracia tienen como correlato un soporte jurídico basado en la primacía de la constitucionalidad de las leyes. En mérito a ello, creo que la actual normativa en materia migratoria no responde a principios con basamentos constitucionales, sino más bien reproduce un estado de paroxismo en el espacio político de los grupos de poder.
Ahora, esta cacería de brujas por parte del Estado de Arizona en contra de los indocumentados evidencia una creciente radicalización de un programa racista desde los sectores más conservadores del establishment. Esta paranoia decimonónica tuvo en Samuel Huntington a uno de sus principales incendiarios. En un artículo de ciencia política (The mexican challenge, En: Foreign Policy, march/april, 2004) llegó a sentenciar acerca de la necesidad de parar a como dé lugar el atrevimiento de los latinos indocumentados. El temor del desaparecido profesor de Harvard no fue otro que el inminente mestizaje de Norteamérica. La identidad histórica no es un mamotreto inamovible, es más bien una síntesis sistémica sujeta a profundos cambios.
Por ello, creo que el punto de quiebre de esta etapa histórica la constituye no sólo el accionar político y social, sino también la dinámica cultural y la incidencia económica de los migrantes. Los arrestos segregacionistas siempre surgen en tiempos de crisis económicas. Recordemos sino los fascismos de la posguerra en Europa. En suma, la normativa migratoria de Arizona es en lo ideológico la consolidación de la ultraderecha en tiempos de crisis financiera; la cual por cierto fue provocada por los banqueros y especuladores WASP. En lo político evidencia una total actitud blandengue por parte de la administración Obama. Es el momento de sacar las castañas del fuego. Hace falta una legislación federal en materia de migración que tenga como faro la Constitución. En ningún caso se puede permitir un quiebre de la juridicidad de las leyes.
De este modo se pondrá freno a los arrebatos decimonónicos de la derecha conservadora que incluso está pensando en doblegar los cimientos de la Decimocuarta Enmienda, donde expresamente se defiende la categoría de ciudadano de todo ser humano nacido en EEUU. Bajo todo concepto el mestizaje es parte de una dinámica propia de los pueblos en crecimiento y desarrollo por las vías de la democracia, que congrega no sólo consensos, sino también perspectivas diferentes en una misma ruta hacia el progreso social. Pues, es así; donde mora la libertad, allí está la patria. La patria para todos. God Bless undocumented migrants!