Para bien o para mal, México depende en gran medida de los ingresos de Petróleos Mexicanos (Pemex), en especial desde que el monto de divisas provenientes de Estados Unidos descendió gracias a la crisis económica mundial. Por esta, y muchas otras razones históricas los mexicanos somos muy territoriales en todo lo que a Pemex se refiere. Pero es hora de despertarnos y oler las bajas reservas petroleras que nos quedan.

Y si a eso sumamos las pérdidas de más de 56 mil millones de pesos en tan sólo siete meses, el panorama no es muy brillante para Pemex. Es el punto más alto en pérdidas para esta empresa en más de diez años y significa que en este momento Pemex opera en números rojos.

La aprobación de una escueta reforma energética hacia finales de 2008 no resolvió el principal problema de fondo: a México le falta una formación más sólida y eficiente en investigación energética. Para ello se formuló la Estrategia Nacional de Energía, que entre otras cosas tenía como objetivos:

  • Restituir reservas.
  • Operar de forma eficiente la infraestructura energética.
  • Fortalecer las redes de transporte y distribución.
  • Promover el desarrollo tecnológico.
  • Proveer a poblaciones marginadas energéticos de calidad a precios razonables.
  • Aprovechar al máximo las inversiones con el fin de reducir costos.

Y se implementaron las acciones necesarias para cumplir con esas metas, se invirtieron cerca de dos millones de pesos diarios para realizar exploraciones en aguas profundas que hasta ahora no han tenido resultados favorables. Ahora el pozo de Chicontepec produce sólo el 40% del petróleo que originaba cuando inició operaciones. Ahora sí, ¿ya es momento de permitir una mayor inversión extranjera en infraestructura? ¿O tendrá que llegar Pemex al borde de la bancarrota antes de que se tomen medidas más drásticas?

Foto: casAmérica