Raros son los países en los que el acceso a la cultura por parte de la población sea una prioridad. En México, si bien creo que hay una gran oferta cultural, me temo que aquí tampoco sea primordial. En esta ocasión me tocó coordinar el Vivir México Opina de esta semana y les pregunté a mis compañeros su opinión acerca de la oferta cultural en la ciudad en la que viven. Yo vivo en la capital donde realmente hay muchísimas cosas por ver, visitar y hacer y me imagino que probablemente la mayoría de esta oferta cultural está centralizada en el DF. Pero mejor escuchemos a mis compañeros contarnos su visión de los lugares en los que viven o han vivido.

Por un lado, Perla Cristal Gomez compartirá con nosotros sus comentarios sobre Guadalajara y Monterrey, mientras Enrique Torre Molina nos contará su experiencia en ciudades como Mérida y Cholula y terminaré yo con la Ciudad de México que es la que mejor conozco.

Perla Cristal Gómez:

Al igual que Enrique, el haber vivido en más de dos ciudades te enseña a escudriñar, y puedo decir que ninguna ciudad es aburrida:

Amo Guadalajara y puedo decir que es culturalosa. Lo digo así porque la oferta no es muy grande en comparación con el DF pero si es muy diversa y encuentras de todo; hay una zona: nuestro Chapultepec que llamamos “hipsterland”, pero realmente ahí encuentras todas las tribus y estratos sociales y es precísamente donde convergen galerías, cafeterías, pequeños conciertos, teatros, subastas, exposiciones de arte, lecturas, y música y hasta esas muestras de cosas raras (así, raras) que después terminas amando.

Guadalajara tiene su contraste: El Festival Internacional de Cine de Guadalajara, El Encuentro internacional del Mariachi, El Festival de Mayo, la Feria del Libro, Festival Luna Morena y puedo continuar mencionando más y más festivales, pero sé Guadalajara tiene lo suyo, es culturalosa.

Si subes más calles (hacia la Minerva), encontrarás un nivel más pudiente: bares, restaurantes y centros comerciales donde podrás refrescarte y pasar un rato amable. Si bajas de Chapultepec (hacia el centro): verás la dinámica del centro de la ciudad y toda la población que por ahí se pasea.

Guadalajara para todos, todo el año, eso es lo que encontrarás.

Respecto a Monterrey, me atrevo a comentar que el ritmo de vida de la ciudad y la dinámica de sus habitantes no suele facilitar mucha la tendencia cultural, incluso la violencia en la ciudad han minado la promoción cultural; más si pensamos cómo ha quedado la ciudad tras el paso de Álex.

Algunas actividades que se pueden disfrutar en Monterrey son el Festival de Teatro Nuevo León, el Festival Internacional de Cine de Monterrey, el Festival de Cine Latinoamericano Monterrey, y en su primera realización el Art Fest, iniciativa cultural de vecino municipio de San Pedro que tuvo muy buena aceptación. También pasaron por la ciudad el Festival de Documentales Ambulante, el Festival MIX de Diversidad sexual en cine y video, el Festival de monólogos Teatro a una Sola voz y el Festival Nacional Danzonero.

El mes de septiembre la ciudad celebra 414 años de fundación, y para tal ocasión, durante la década se ha celebrado el Festival Cultural Barrio Antiguo, del que en esta ocasión no se ha mencionado mucho y lo más probable es que no se lleve a cabo por lo dañado que está el centro y la vialidad en la ciudad. Aun así, se espera que con la llegada del otoño y la disminución de las fuertes temperaturas que registra la región, surjan nuevas alternativas de esparcimiento cultural para la ciudadanía.

Como ven, también el norte del país tiene mucho que ofrecer.

Enrique Torre Molina:

Habiendo vivido en dos ciudades mexicanas y a punto de mudarme a una tercera en la que he pasado mucho tiempo, he conocido distintos menús de arte y cultura.

En Mérida, como creo que sucede en la mayoría de los lugares, la oferta cultural se intensifica en la temporada de otoño. Tanto la capital como el resto del estado incluyen opciones para todos los gustos con el programa Otoño Cultural que el gobierno de Yucatán organiza anualmente. Y en enero se lleva a cabo el Festival de la Ciudad, conmemorando la fundación de Mérida. Ambos eventos mejoran año con año su programación y presentan obras de teatro, exposiciones de artes plásticas, ciclos de cine, espectáculos de danza y música que, hasta ahora, me han parecido buenísimos. Varios artistas locales continúan exportando su talento presentándose en espacios fuera del país, y en los últimos años la ciudad ha recibido a muchos foráneos.

Esto, junto con otros elementos de influencia exterior y las propuestas de algunos locales, contribuye al crecimiento en la cantidad de galerías, publicaciones y proyectos que impulsan y difunden propuestas creativas e innovadoras, contrastando con un sector poblacional cada vez menor que se aferra a costumbres y prácticas conservadoras e incluso de censura.

Cada vez que visito Mérida, me encuentro con más y mejores cosas que hacer.

El caso de Puebla es similar. La oferta es casi infinita, aunque menos concentrada en una temporada en específico: el Festival Internacional de Puebla, conciertos de artistas, los cientos de fiestas típicas y ferias en la capital y en otros municipios -del mole, del queso en Tontantzintla, las de Cholula- y próximamente el primer Festival Internacional de Cine. Además, la presencia de tantas universidades (como la BUAP, que es bastante grande, y la UDLAP, de personalidad internacional) genera una dinámica de constante actividad e intercambio entre estudiantes, académicos y visitantes. Lo anterior da continuidad a tradiciones muy padres, al mismo tiempo que enriquece la promoción de cosas nuevas e interesantes.

Por último, evidentemente la Ciudad de México es la gran ganadora. Hay lugares a los que uno llega y se da cuenta en seguida de que, si tuviera la vida resuelta y no tuviera que estudiar ni trabajar, podría dedicarse a llenar su agenda con actividades recreativas. El Distrito Federal es así. Lo tiene todo: plástica, cine, moda, danza, teatro, música, literatura, ciencia y tecnología, subastas, encuentros de carácter ciudadano y actividades al aire libre - además de eventos más difíciles de clasificar. Por un lado, sería buenísimo que la oferta cultural estuviera mejor distribuida a lo largo y ancho del país. Por otro, siendo cliente frecuente y próximo habitante de tierras chilangas, no puedo quejarme de tener a mi alcance una cartelera tan extensa y variada.

Para aburrirse en cualquiera de las anteriores se necesitan muchas ganas. O no leer Vivir México.

Laetitia Taurand

Pues por mi parte coincido con lo que dicen Perla y Quique, aunque ya saben que soy medio aguafiestas.

Está claro que cosas por hacer hay muchísimas. Ahora bien, como ya comenté en varias notas aquí en Vivir México, lo que más me choca por un lado es la poca difusión que tienen ciertos eventos, y por otro el hecho que están dirigidos a una parte bastante pequeña de la población. Y para explicarme les daré un par de ejemplos de hace unos días.

El viernes pasado fui a ver un espectaculo de danza en el Cenart, evento al que me invitó un amigo que había ganado 2 entradas a través de Twitter. Y la verdad es que pasamos un rato muy agradable ahí, el espectáculo nos encantó y pensé que era una pena no haberme enterado antes, no haberles podido comentar para que lo fueran a disfrutar.

Además, la entrada tenía un precio accesible, creo que 120 pesos. Pero claro, la danza no es de las artes más populares, si en una semana vemos un par de noticias es lo máximo. Y estas informaciones nos llegan por Twitter directamente desde instituciones como Conaculta o desde los lugares en los que tienen lugar estos eventos. Pero raramente desde los medios de comunicación tradicional.

Luego, el sábado me acerqué a la Casa Lamm a ver la exposición sobre los migrantes que les comenté la semana pasada, en el marco del Corredor Cultural Roma Condesa. Pues bien, las calles de la Roma estaban llenas, las galerias también. Por un lado me alegro mucho de ver esta aceptación que tienen el arte y la cutura pero la realidad es que los que nos acercamos a estos eventos somos todos de la misma clase social, como si la cultura estuviera reservada a la clase media-alta, a gente con estudios, a gente que lee y se interesa.

Yo me pregunto cómo podríamos hacer para que las clases más bajas puedan sentirse partícipe de estas cosas, para integrar al resto de la población desde una perspectiva cultural. Creo que la cultura es un ámbito que debería juntar a la gente, sin importar su clase socio-económica, y echo en falta propuestas como Proyecto Luz, que lleva Jasmín López, una chica de Los Ángeles de orígenes mexicanos.

Desde hace 3 años, cada verano reúne a un grupo de chavitos de Neza y les hace contar su cotidiano a través de cámaras fotográficas de usar y tirar o cámaras digitales que va juntando durante el año. Estos chavos pasan una semana en compañía de un grupo de fotógrafos profesionales mexicanos y estadounidenses y la verdad es que los resultados son muy interesantes. Sepan que también se realizó este workshop en Ejido, Hermosillo.

Para terminar, diré que estos proyectos son los que se me hacen más integradores, de hecho estos chavos de Neza seguramente no piensan que lo que hacen es parte de lo que entendemos como arte o cultura. Esto es aún mejor. Y quizás haya más propuestas similares pero me temo que una vez más no tengan la dfusión que merecen.