Por la cantidad de veces que hemos recriminado el desempeño del sistema penitenciario del país, que no con pocos argumentos en varias ocasiones se ha llevado el calificativo de “escuela para delincuentes”, merece la pena mencionemos en esta ocasión que por vez primera un recluso de una cárcel en el Distrito Federal consiguió el grado de Maestría dentro de los cursos académicos que lleva dentro de la institución.

Este el caso -segundo que sucede a nivel nacional- de Ricardo Alberto Luna Lozano, interno del Reclusorio Preventivo Varonil Oriente, que obtuvo su Maestría en Derecho Penal por parte del Centro de Estudios Avanzados de las Américas. Por espacio de dos horas hizo defensa de su tesis Libertad Preparatori” ante académicos de la academia educativa, recibiendo la protesta su rector Salvador Ordaz Montes de Oca.

Estuvieron presentes durante el acto, además del personal docente, autoridades de la Subsecretaría de Sistema Penitenciario y del propio Centro Preventivo Varonil Oriente, así como familiares y amigos que compartieron el júbilo de Ricardo por la meta alcanzada. Cabe añadir que Ricardo ya cursa actualmente otra maestría en Criminología.

¿Podemos considerar lo anterior producto del sistema? Si bien los casos en los que reclusos deciden ocupar parte de su tiempo en llevar estudios académicos resultaría poco significativo en cuanto al número de internos en las penitenciarías del país, es de reconocerse el interés del sistema penitenciario porque se cuente con esa oportunidad. En lo que respecta al Distrito Federal, se cuenta con un convenio desde diciembre del 2004 con el Plantel Iztapalapa de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México para que los internos del DF puedan cursar algunos programas de educación superior de esta institución mediante mecanismos y recursos adecuados a sus circunstancias.

Este 2010 hay 294 internos del sistema penitenciario capitalino beneficiándose de dicho convenio; 294 personas que han decidido romper clichés y aprovechar su tiempo y sus energías en algo tan valioso como la educación, herramienta que cuando estén de nuevo incorporados en la sociedad tras cumplir su condena será su carta de presentación para conseguir, por un lado no reincidir, y por otro, incorporarse en un trabajo con la dignidad de aquel que cuenta con estudios que lo respalden.

Imagen: neregauzak