Llegó la época del año en la que recordamos a los que ya pasaron a mejor vida: el Día de Muertos. En México, como cualquier otra efeméride, esta fiesta se celebra por todo lo alto. Incluso en fechas recientes se ha incorporado elementos políticos a esta tradición. Pero hay algo más: cada vez es más notoria la influencia de nuestro vecino del norte.

La fiesta estadounidense Halloween cobra cada vez más víctimas mexicanas y niños disfrazados de vampiros, galones de sangre falsa y grandes calabazas naranjas inundan nuestras calles mientras pareciera que los altares a los muertos quedan rezagados. ¿Es en realidad así? ¿Estamos sacrificando parte de nuestra identidad como mexicanos al sucumbir a la sensualidad del trick or treat-ing y los disfraces variopintos?

En esta edición de Vivir México Opina, Pepe Flores, Perla Cristal Gómez y Ximena Vega comentamos sobre el Día de Muertos y su postura ante el Halloween, cómo se vive en nuestras ciudades y sí en realidad esta fiesta mexicana está perdiendo terreno ante la tradición anglosajona.

Pepe Flores

Siempre he disfrutado del Día de Muertos. Por regla general, suelo ir con mi madre a recorrer las ofendas que ponen en el Barrio del Artista en Puebla, o en el Centro Histórico. Es una tradición muy hermosa. Sin embargo, no me considero un purista. Aunque aprecio la costumbre mexicana de estas fechas, me parece que el Halloween, lejos de debilitar a esta práctica, la enriquece.

Es cierto que muchos niños prefieren vestirse de hombres lobo o vampiros a poner un altar en casa, pero no confundamos peras con manzanas. Ambas tradiciones son diferentes, y al unirse, generan un sincretismo peculiar. No podemos negar que vivimos una etapa de globalización, y que esta transformación es inevitable. Después de todo, los altares mismos son fusión de la tradición prehispánica con la católica.

Hay que celebrar la mezcla, siempre y cuando no actúe en detrimento de lo nuestro. Que un niño se vista para Halloween no está mal. Lo incorrecto sería dejarlo sólo con un lado de la moneda. Es en la comparación (mis calaveritas frente a sus calabazas) que se da el orgullo por lo propio y el respeto por lo ajeno. Mantener viva una tradición no significa que tengamos que enterrar las demás.

Perla Cristal Gómez

En occidente sigue siendo más notorio la celebración del día de todos los santos (1ro de noviembre) y del día de muertos, pues el Halloween sigue siendo un evento de diversión y mera mercadotecnia. No sé si tenga que ver que estamos muy cerca de Michoacán o que en Jalisco tuvimos nuestra propia cultura indígena, pero cada noviembre nuestros panteones, centro histórico y ciudadanía adorna de morado, rosa y naranja las casas, campos santos y escuelas.

Ciertos artículos para la noche no pueden faltar: velas, papel picado, pan de muerto, chocolate, calaveritas de azúcar, chocolate, fotografías y flores de cempazúchitl. En algunas colonias se organizan concursos de calaveras, en otros de altares; el detalle es presentar en forma de fiesta y siempre de la mejor manera que en nuestra tierra la muerte se trae a vida.

En escuelas, iglesias y hogares se hace caso de la tradición anglosajona como mera diversión y se hace algarabía, pero la tradición mexicana se celebra por tres o cuatro días con color y sabor, poniendo adornos, velas, cocinando y acudiendo al panteón para visitar a los que ya no están con nosotros. Personalmente creo que esta tradición difícilmente se perderá, pues aunque el Halloween es divertida, el día de muertos es tan propia y celebrada que muchos la preferimos sobre los diablitos, brujas y demás entes pasajeros.

Ximena Vega

Tengo la suerte de trabajar en una oficina con colegas mexicanos y estadounidenses. En estos días caí en la cuenta de que muchos de los gringos muestran un verdadero interés por la cultura mexicana. En el caso del Día de Muertos, se apuntaron a pláticas informativas sobre esta tradición mexicana y probaron pan y cajeta de muertos entre otras cosas. El realizar estas actividades en ningún momento comprometió su identidad como estadounidenses… o al menos no lo reflejaban.

En México se celebra cada vez más el Halloween a la par de nuestro Día de Muertos. Culpen al TLCAN, a la televisión o a los padres y maestros por no inculcar nuestras tradiciones con mayor ahínco, pero la realidad es que un número creciente de niños mexicanos piden su calaverita en una gran calabaza de plástico naranja mientras van disfrazados de vampiros, momias o brujitas (nada de guerreros aztecas, águilas u ocelotes). ¿Es esto realmente tan malo? De acuerdo a muchos intelectuales y políticos, sí, pues es una práctica que pone en serio riesgo a la propia. Sin embargo, como esos estadounidenses con los que trabajo, bien podemos poner en práctica diferentes tradiciones sin traicionar a las costumbres y sentir nacionales, sin perder parte de nuestra identidad como mexicanos.

Sin embargo, también soy de la idea de que se debe dar mayor impulso a las fiestas tradicionales mexicanas. En esta labor, los padres de familia deberían dedicar más tiempo a la correcta difusión de las tradiciones mexicanas en el seno familiar. Las instituciones públicas (dependencias gubernamentales, museos, universidades, etc.) ya están haciendo su trabajo. Los mexicanos debemos, como en otros aspectos de nuestra vida diaria, tomar la iniciativa. Los elementos están ahí, es nuestro trabajo aprovecharlos para nuestro bien.

Fotos: DFinitivo | Vacuna de Fé

Ximena Vega

LRI por la UDLAP. Hipertextual (Vivir México) desde marzo de 2010 y abeja obrera de la administración pública (primero en Segob, ahora en una embajada de las grandotas) desde septiembre del mismo año. Mis jefes quieren que les diga que lo que expreso en mis entradas no refleja la opinión de la Embajada de Estados Unidos ni del Departamento de Estado, yo sólo paso la voz... Más artículos del autor »