Esta es una gran muestra del conocimiento sobre la fauna que tenían nuestros antepasados. Diversos estudios realizados por el Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), han revelado que los teotihuacanos practicaban la crianza del “loberro”, animal que resultaba de la cruza del lobo con el perro.

Esta cruza la realizaban con fines rituales y militares. Varios grupos de loberros fueron encontrados como parte de las ofrendas que ofrecían los teotihuacanos a sus dioses.

Los lobos son animales salvajes. A los seis meses de edad buscan convertirse en líderes dentro de su grupo, lo que lo convierte en un animal peligroso para el ser humano. La cruza permitía a los habitantes de ésta milenaria cultura tener un animal que portara la sangre de un cánido silvestre, pero en un cuerpo manejable.

Entre 1988 y 1989 se encontró un grupo de 18 loberros que por su indumentaria, se dedujo que eran guerreros teotihuacanos. La indumentaria de uno de ellos estaba formada por maxilares que en un principio se pensó que eran de perro, pero en investigaciones hechas posteriormente se concluyó que las piezas dentales pertenecían a loberros, lobos y cruzas de coyotes y perros.

A demás de las dos fines mencionados, estos animales eran útiles en muchas otras maneras a los teotihuacanos. La cruza del lobo y el perro permitía domesticar y poner en cautiverio un animal con gran poderío; además de posteriormente utilizar su piel y su carne.

También se ha revelado que por cada osamenta de coyote que se descubre en las ruinas de Teotihuacán, se encuentran 20 de lobo. Esto ha llevado a los arqueólogos a repensar las interpretaciones que tenían sobre las pinturas murales, ya que siempre se pensó que esos cánidos dibujados pertenecían a coyotes.

Foto CC: ivogomes