La frontera norte es sin discusión alguna la zona más conflictiva de nuestro país. Esto no facilita las relaciones transfronterizas con Estados Unidos y es un punto en contra de México en el debate sobre la reforma migratoria en el congreso estadounidense. Por ello, son varios los programas y recursos enfocados a aumentar la seguridad en esta área.

Pero ahora el enfoque es algo diferente. En visita de trabajo, Ken Salazar, secretario del Interior de Estados Unidos y el presidente Felipe Calderón acordaron la vinculación entre parques nacionales estadounidenses y áreas protegidas mexicanas con el fin de fomentar el desarrollo sustentable. El primer parque binacional que se ha mencionado es el proyecto Big Bend -Rio Bravo, localizado en los estados de Texas y Coahuila.

Esta medida resulta interesante por los retos que presentará en el área de seguridad, pues la zona comprendida entre los dos estados es relativamente problemática en la frontera norte. Tendrán que tomarse medidas especiales para controlar tanto el paso ilegal de migrantes como el tráfico ilícito de drogas, y también queda por decirse cómo se estructurará la cuestión de vigilancia, ¿los guardabosques estadounidenses tendrán acceso irrestricto a territorio mexicano? Pero por el otro lado resulta un ejercicio diplomático inédito en la relación bilateral entre estos dos países.

Resulta curioso (y de cierta manera, refrescante) que en momentos tan violentos, sobre todo en el norte del país, se tomen esta clase de medidas. También es un recordatorio de que hay muchas más cosas dignas de explorarse y promoverse en el marco de la cooperación bilateral con Estados Unidos que simplemente los temas de seguridad y migración. Sin mencionar, por supuesto, que se debe aprovechar el bono diplomático que posee México tras el éxito de su papel en la presidencia de COP16.

Foto: Democratic Underground