Históricamente, la palabra ha sido un poder que los hombres nos hemos apropiado y que sólo hasta el pasado siglo hemos comenzado a ceder —aunque sea a regañadientes. Los discursos —sea artísticos, poéticos, científicos o políticos— en torno a la mujer han sido manofactura masculina. Que no nos sorprenda que en muchos de estos alegatos las mujeres aparezcan como una otredad, mezcla de fascinación y horror; pero sobre todo, como entes incomprensible. Hoy, aprovechando las celebraciones en torno al Día Interncional de la Mujer, en Vivir México nos hemos dado el gusto de publicar esta colaboración externa de Katya Albiter, socióloga candidata a maestra en Letras Iberoamericanas, que reflexiona en torno a lo que significa pertenecer al bello sexo.
El día de la mujer, esa-mamada-qué
Sí, realmente creo que la mujer es su peor enemiga. Realmente creo que el día de la mujer es un insulto porque implica que el resto del año estamos jodidas, y sin embargo…
Ellos, los hombres, nunca van a entender el conflicto de ser mujer, lo que implica, lo que duele. Sólo se quejan de que si nos baja, de que si los berrinches, de que si la neurosis, de que si nos jodemos unas a las otras, de que si…
Lo cierto es que por muchos años yo sentí que ser mujer era una carga. Después de todo mi madre esperaba que fuera hombre y, para no variar, le llevé la contraria. Nadie me lo tuvo que decir, sabía que ser mujer era difícil, tuve que aprender a lavar la ropa (en ese entonces a mano), limpiar la casa, cocinar, hacer los mandados… todo antes de los diez. Tuve que soportar el abuso masculino callada y sin replicar, porque ellos eran grandes y fuertes, y yo era mujer, así que seguro que la provocadora era yo, la mala, la tentadora, la Eva.
Cuando me cansé de ser buena, me convertí en la mala, o al menos en lo que suelen llamar así. Hombres y mujeres me juzgaron duramente por convertirme en una persona fuerte, segura, cínica, por hablar abiertamente de sexo, de violencia, de esa vorágine que llamamos sentimientos. Y tuve que vivir así, siendo señalada por reír demasiado alto, por bailar libremente, por andar descalza, por hablar claro y decir mi opinión, por usar minifaldas, por beber, por acostarme con equis o con ye.
Ser una mujer libre tiene un costo muy alto: la soledad.
Para reconciliarme con mi género tuvo que pasar algo, o mejor dicho, alguien. Una niña. Lloré mucho cuando supe que sería mujer. Lloré por ella, por mí, por lo difícil que sería, por los juicios, los abusos, las presiones y represiones. Pero esa niña lleva varios años enseñándome lo maravilloso que es ser mujer, la magia de la sensibilidad, de la dulzura, del amor y también la fuerza, la tenacidad, la garra con lo que se defiende lo que se quiere y lo que se cree.
La mujer que también es madre tiene una disyuntiva terrible: realizarse profesionalmente o estar con los hijos. Si se decide por la primera habrá que aceptar el remordimiento, la culpabilidad, las consecuencias de no estar con ellos. Si se deja todo por ellos, se tendrá que estar dispuesta a la frustración, al rencor, al abandono y sí, al jucio público que considera que ser ama de casa es despreciable.
Están las otras, las que no pueden elegir, las que deben trabajar para mantener a sus hijos. Las que sacrifican todo por ellos. Y también están las que se rebelan y dejan todo a y todos, siendo tachadas de putas y de perdidas por pensar en ellas.
Pero no, dejen que todos se quejen, dejen que los hombres se quejen del día de la mujer, dejen que nos critiquen porque nos destrozamos entre nosotras el resto del año, dejen que las mujeres renieguen de su condición, dejen que critiquen.
Al final, estamos acostumbradas a eso ¿no? Estamos acostumbradas a ser vilipendiadas, minimizadas, calladas, ultrajadas, y también estamos acostumbradas a que todo se arregle con una palmadita en la espalda y un perdón.
Sí, ellos nunca van a entender, pero a veces tampoco nosotras lo hacemos. Porque las que educamos machos somos nosotras, las que permitimos que nos insulten y nos peguen somo nosotras, las que enjuiciamos más duramente a las otras mujeres somos nosotras, las que no creemos en nosotras somos, sí, adivinaron, nosotras.
Y si un puto día en el año nos hace recordar A TODOS la importancia que tenemos, lo valiosas que somos, la lucha por nuestros derechos (que sí ha existido, pero que como todos los logros que no costaron suelen ignorarse o despreciarse). Si un puto día en el año también nos sirve de duelo por las mujeres muertas y desaparecidas, si nos calan las injusticias de las que somos objeto sólo por ser mujeres; si en un día se pueden condensar todas esas lágrimas que hemos derramado, todos los abrazos y besos que hemos dado, todo lo que hemos amado, sufrido, odiado, perdonado, entonces vale la pena.
Que al final la gente siempre se va a quejar, y hay haters profesionales para todos los días del año.
Y conste que la que escribe estas líneas ha sido tachada de machista más de una vez, reniega del feminismo, es fan de los chistes misóginos, tiene envidia del pene y cree que las cosas se ganan por el trabajo personal, no por lo que nos cuelga o no nos cuelga entre las piernas.
Y no, yo no quiero la igualdad entre hombre y mujeres, prefiero la equidad, el respeto, la convivencia armónica, el reconocimiento del otro, sí, yo voto por la otredad, aunque sea un sueño guajiro, pues si hay algo que amo de mi lado femenino es esta capacidad de soñar, de creer que la felicidad es posible.
Con cariño para todas mis mujeres queridas.
Nuestra colaboradora externa
Katya Albiter es originaria del Estado de México, licenciada en Sociología por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y candidata a maestra en Letras Iberoamericanas por la Ibero Puebla. En su vida laboral se ha desempeñado como asistente de personalidades destacadas en el ámbito de las Ciencias Sociales y como auxiliar de investigación para la Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe (Redalyc). Actualmente ejerce la difícil tarea de combinar sus actividades en la academia con las propias de la segunda jornada, ese difícil arte que consiste en mantener una casa —familia incluida— de pie. Puedes seguirla en twitter como @kdgato.












Es grato leer la opinion de una mujer que reniega de su dia, asi como las mujeres libres, los hombres que desean libres, los miran como bichos raros, descriminados por las mismas mujeres que dicen que son modernas, es triste afirmar lo que Katya dice y cito “Sí, realmente creo que la mujer es su peor enemiga….”, por que al ultimo los MAYORES MISOGINOS de este mundo son las propias mujeres….
Bien bien, lo dije antes y lo repito, esas campañas pro mujer que las ensalzan y las hacen ver como iconos sociales son solo condescendencia y no deberian existir pues la condescendencia se le da solo a los debiles a los impedidos y a los locos.
Equidad = no dias para ninguno, no como hater de todos los días, pero, son valiosas y somos valiosos todo el año, así que… esa m***** que.
Que tal .. me interesa seguir a Katya Albiter por twitter, pero no la ubico ni por @kdegato ni buscandola por su nombre. Si pudieran hacerle llegar mi twitter por favor @alxrepovz.
Gracias
No maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.. Creanme que solo lei estas lineas “”“Sí, realmente creo que la mujer es su peor enemiga. Realmente creo que el día de la mujer es un insulto porque implica que el resto del año estamos jodidas, y sin embargo…”“”
Y simplemente me hizo enojar esta tipa, y deje de leer. como es posible creer que todos en todo mexico pensamos asi, Me perdonan pero q no ma#$%&/
En lo personal, a las mujeres se les quiere, estima, respeta, valora y demas todo el año, todos los meses, todas las semanas, todos los dias, minutos y segundos, hasta mientras dormimos, para todo en ellas pensamos, ellas mismas piensan en ellas.
El dia Internacional de la mujer es solo un dia para demostrarles con mas afecto lo que sentimos por ellas, que sin ellas moririamos que ellas son nuestro complemneto y nosotros somos su complemento.
Saludos. Feliz Dia de las Mujeres, espero la hayan pasado super bien.
Que linda y utopica forma de pensar.
Como si las mujeres no fueran tratadas como productos comerciables del patriarcado, seguro que aun piensas que te maquillas y te vistes con ropa ceñida porque “es un gusto tuyo” no porque asi te cotizas mas como una mercancia sexo laboral.
Te hizo enojar el comentario ese porque precisamente tu representas a la mujer abnegada y retrograda que aun cree que en materia de igualdad y justicia la mujer ha ganado un terreno respetable siendo que no se le trata nada mas que como ganado, la mejor carne al mejor postor.
Tu manera de pensar es una de las fallas del sistema. Fox Genovese ha de estar revolcandose en su tumba.
Qué super quemón. Le estás respondiendo a un hombre que les está diciendo que no todos los del género masculino las consideramos sólo un objeto sexual que siempre debe verse bien, etc… jajaja
Sin duda nunca entenderemos la forma de pensar de la mujer, al igual que ustedes no logran entender al hombre (aunque muchas salgan con el estereotipo de que todos las vemos sólo como un objeto sexual, talvez sacando alguna mala experiencia personal), pero creo que en tu caso (ojo, todo esto lo digo sin ánimos de ofender a nadie) te esfuerzas tanto por no caer en esa imagen de “la mujer retrógrada de hoy”, que te vas al otro extremo. Hay que buscar puntos intermedios.
Sin ir más lejos, parece que no terminaste de leer el comentario de elisamuel y tampoco lo entendiste, talvez por tu enojo y predisposición a pensar una cosa determinada.
De nuevo, no te molestes, pero aguas con eso.
Saludos!
Tal vez si elisamuel hubiera seguido leyendo, se hubiera enterado que justamente la idea era replicar el punto. Es curioso, la primera línea fue algo que escribió ese día un amigo y me molestó tanto que por eso surgió el texto. En cierta forma, fue una respuesta a ese comentario. Como artículo de opinión es obvio que está envuelto en mi subjetividad, en vivencias personales e historias de vida, no pretendo poner puntos en las íes, ni decir verdades últimas y determinantes. Y tampoco pretendo darle gusto a todos, que es justo la pluralidad la que nos enriquece. “Y sin embargo…” espero que un día aprendamos a entendernos y (re)conocernos en el otro diferente.
muy buena entrada, realmente me sorprendió,y me gusto muchísimo,.
jajaja. No pretendo conocer a la autora pero ese sentimiento freudiano de castración SÍ que lo conozco… ¡DE ELLA MISMA! ¡Así se defiende el género! Lástima. Antes de ver nos cegamos.