Para aquellos que consideren a su librero como el mueble más importante de la casa, esta nota les dará escalofríos —y mucha envidia, seguramente. El escritor Gustavo Sainz, exponente paradigmático de la generación de ‘la Onda’ y considerado como uno de los artífices más experimentales (y experimentados) en la literatura mexicana, donó nada más ni nada menos que 75 mil libros, 15 mil obras fílmicas, y treinta pinturas a la Biblioteca Central “Ildefonso Villarello” en el Estado de Coahuila. Un gesto sin la menor duda noble, pero que a más de un bibliófilo le ha de poner pálido del susto y verde de la envidia. ¿Por qué? Bueno, pues resulta que este acervo —ahora, de la nación—, era parte de su biblioteca personal, resguardada en su residencia de Alburquerque, Nuevo México, donde se desempeña como profesor universitario.
Hoy, durante una conferencia de prensa, el otrora “Gazapo” de la literatura mexicana firmó el convenio con el director General de la Red de Bibliotecas de Coahuila para hacer posible esta donación a través de la creación de un fondo que llevará el nombre del escritor, y en el cual ambas partes se comprometerán para hacerlo crecer. Y le pido a todo el público amante de la literatura que contengan la salivación, porque viene lo bueno: los 75 mil libros que fueron donados provienen de distintas partes del mundo y se adscriben a múltiples y variados géneros, contando con la particularidad de que muchos de ellos están firmados por sus respectivos autores. Y todos estarán a disposición de los habitantes de Saltillo. O bueno, de los 2 de cada 10 mexicanos que leen un libro completo al año y viven en la zona.
El traslado de esta monumental donación correrá a cargo de la Coordinación General de Bibliotecas, Publicaciones y Librerías del Estado, además de que en la mentada biblioteca se acondicionará un espacio —valga la redundancia— especial para mostrar y difundir el nuevo tesoro que albergará la ciudad de Saltillo. El autor de La Princesa del Palacio de Hierro según el periódico Milenio ha escogido esa ciudad del norte como su nuevo hogar después de 30 años de vivir fuera del país. Este regreso (muy a lo “hijo pródigo”, aunque podría ser, en este caso, prodigio) coincide con sus jubilación como profesor de literatura en la Universidad de Indiana.
Algunas obras imperdibles de este autor, contemporáneo a José Agustín y Parménides Saldaña, son Gazapo, obra pionera del movimiento de ‘la Onda’ y que significó un parteagüas en el mercado editorial mexicano; La Princesa del Palacio de Hierro, novela que narra las andanzas de una “chica fresa” en el México de los setentas y que lo hizo merecedor del prestigiado premio Xavier Villaurrutia en 1974; y Obsesivos días circulares, considerada por muchos críticos una de las mejores novelas que ha dado este oriundo de la ciudad de México. No queda otra más que estar atentos a la inauguración de la sala dedicada a la colección de este autor para aunque en sea en un viaje express ir a babear alguno de los tomos que este autor mantuvo cerca de sí durante muchos años y que hoy, gracias a su buena voluntad, son parte de nuestro acervo nacional.
Foto: Alejandro Zenker en Revista Replicante







En horabuena para el acervo bibliografico y para los lectores que podrán disfrutarlo.