
El reciente asesinato del hijo del novelista Javier Sicilia ha provocado que la comunidad de intelectuales del país se despabile para protestar contra la Guerra contra el Narcotráfico™. A la sazón, han comenzado a emerger voces de la literatura que piden que los escritores dejen de retratar la violencia del narco en sus libros. En palabras del autor peruano Mario Bellatín, se debería repensar esta práctica:
Creo que esas fórmulas ya están gastadas: retratar la corrupción o hablar de los asesinatos del norte. Eso ya lo suple de una manera mucho mejor que lo literario, el periodismo, el video Esta es la segunda vez que me pasa ver el horror cotidiano a mi alrededor; hoy en día lo veo en México, pero primero me pasó en Perú, donde viví muchos años y ahí veía cómo la gente iba muriendo en las formas más crueles. En aquel momento, hubo un grupo de escritores que asumió ese rol de una manera directa haciendo libros. Ellos reflejaban la violencia en sus propios textos. Pero eso me parecía antiético: Yo no creo que la literatura sea el medio idóneo para reflejar ese horror, de la manera como supuestamente tiene que ser reflejado”
Bellatín compara el caso mexicano con el que él vivió en carne propia en su país natal. En México hemos presenciado una explosión de autores jóvenes que retratan en sus páginas las historias derivadas del narcotráfico. La generación del cártel de los escritores (como los bautizó Álvaro Enrigue) es una camada de plumas que plasma en sus historias la violencia cotidiana que se ha instalado en nuestro país. Más allá de su mérito estilístico o su cohesión como movimiento literario, el debate se centra en si es moralmente correcto que se aborden estos temas.
Estoy en desacuerdo con Bellatin. Repito, más allá de si se trata una fórmula gastada o un lugar común para escribir, no se le debe inhibir al escritor su ejercicio bajo argumentos de corrección política. Entiendo que el autor peruano preferiría que se abordara este conflicto bajo una visión más sociológica y menos lúdica, pero el escritor también es producto de su época y sus circunstancias. Y es que, en un género acostumbrado a las investigaciones periodísticas de mesa de novedades de Sanborns, comienzan a despuntar talentos interesantes.
El punto más sensible de la discusión gira en torno a si estos textos de ficción se consideran como una apología del narcotráfico, una idealización que contribuye a ensalzar a la vida desenfrenada del criminal. Pensar que la literatura debe censurarse en estos temas —ya ni siquiera en la distribución, sino desde la producción misma— es cerrarle la puerta al autor en la cara. Es el mismo pensamiento retrógrada que pide a gritos que no se venda un videojuego incómodo. Sí, el periodismo tiene la virtud (o debería tenerla) de reflejar con mayor precisión este conflicto, pero la literatura aporta más perspectivas que nos ayudan a comprender, sentir y percibir el fenómeno. Que las balas no callen estas palabras, si no, el miedo habrá conseguido dibujar una mordaza más.










Yo pienso que se refiere mas que nada al hecho de que se van por la escritura fácil: el policía corrupto, el capo poderoso, el vacío de poder y todo termina siendo similar a lo visto en las noticias y en si, los medios de comunicación…
Cosa contraria si, por ejemplo, todo lo que vive a su alrededor lo plasma de forma tal que el autor lo disfrace, disfrace el momento histórico y realice una gran obra. algo así como lo que se plasma en un mundo feliz y naranja mecánica….cosa que, es totalmente disfrutable (bueno, la primera no, le falta sabor…pero vaya, la idea es esa)
pobrre idiota ahora si tambien quieren aplicar una censura literaria, creen que con eso dejamos de darnos cuenta de lo que pasa, que bueno que haya jovenes periodistas que todavía creen y viven el periodismi de investigacion donde exhiben la corrupción de las autoridades y no periodistas como pedro ferriz de con, que esta al capricho de las autroridades, si hay un cartel de periodistas, es cierto pero son aquellos que se quedan callados por que ya los chayotearon.