Dicen que cuando se acaba el amor en una relación debe quedar al menos el respeto mutuo. Pues bien, la relación entre Felipe Calderón y el embajador estadounidense, Carlos Pascual, había perdido todo el respeto desde hacía tiempo. Aunque la comunicación interinstitucional seguía siendo muy buena, a Pascual ya no se le recibía ni se le invitaba a eventos oficiales de Los Pinos. A tal grado llegó la tensión entre estos dos políticos que a principios del mes Calderón pidió a su contraparte, Barak Obama, despedir a tan polémico personaje.

Hubieran estado justificadas o no las razones de Calderón para hacer tal demanda, el caso es que Obama se opuso. Hizo lo que todo buen jefe hace: defender a sus empleados cuando estos sólo están cumpliendo con su deber. Pero al final del día Carlos Pascual decidió que ya había tenido bastante y presentó su renuncia al Departamento de Estado. Aún no se sabe si dejará por completo dicha dependencia o si sólo se transferirá de puesto pero algo es seguro: Carlos Pascual ya no representa a Estados Unidos en nuestro país. La información fue confirmada por la Secretaria de Estado, Hillary Clinton:

Carlos ha transmitido su decisión de regresar a Washington, con base en su deseo personal, para asegurar la fuerte relación entre nuestros países y para evitar asuntos presentados por el presidente Calderón que puedan distraer el importante asunto de hacer avanzar nuestros intereses bilaterales.

¿Una victoria para Calderón? No precisamente. Si bien el mandato de Pascual ha terminado, su imagen de vengativo e inmaduro persistirá entre el cuerpo diplomático estadounidense por un buen tiempo.

Ahora la pelota está del lado de John Feeley, el nuevo embajador. Diversos políticos y líderes mexicanos expresan que se le debe respeto y que esperan que el sí haga funcionar la relación entre México y Estados Unidos. Muy buenos deseos, pero están pasando por alto dos aspectos muy importantes. El primero, Feeley, como encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos en México firmó 13 de los cables más polémicos que fueron difundidos por WikiLeaks… momento, ¿no se suponía que ese era el motivo del enojo de Calderón hacia Pascual? Y segundo, la relación bilateral no se descompuso por culpa de Pascual. Por ejemplo, la relación interinstitucional entre las agencias estadounidenses y las dependencias mexicanas en el marco de la Iniciativa Mérida es dinámica y produce resultados. Implicar que necesita ser reparada es una falta de respeto hacia los empleados involucrados y una muestra del desconocimiento de nuestros políticos acerca de la cooperación bilateral en materia de seguridad.

Se habla de los múltiples retos que tendrá Feeley al frente de la embajada, pero el mayor reto, como siempre, está de nuestra parte. Mientras nuestros gobernantes tengan la madurez suficiente para dejar de lado cuestiones personales por el bien de la relación bilateral, todo marchará bien. De no ser así, no habrá embajador que dure.

Imagen: Paper.li