A últimas fechas hemos escuchado cifras preocupantes acerca de los accidentes viales en México: que ocupamos el séptimo lugar a nivel mundial en esta clase de percances y que son la causa mayor de discapacidad son sólo algunos de ellos. Pero eso no es todo, así como la obesidad está por echar por la borda un de por sí precario sistema de salud, los accidentes viales son el azote de la Cruz Roja Mexicana.

Daniel Goñi, su presidente nacional, advirtió que dicha institución invierte más de 937 millones de pesos anuales en responder y atender a los afectados por accidentes viales. Además, recalcó la importancia del uso del cinturón de seguridad, que logra salvar al 75 por cierto de las personas que los usan al momento de tener un accidente de tránsito. De igual manera, recordó sobre la relevancia de tener a la mano la información necesaria para responder a cualquier accidente de manera exitosa:
Debe ser una obligación de todos los padres dar a sus hijos el número de emergencia de la Cruz Roja, de los bomberos y de la policía; todos pensamos que el accidente va a ocurrir en otras personas y nunca pensamos que en nuestra familia, debemos saberlo de memoria.
Ahora regresemos un momento a lo referente al presupuesto. Hablar de esos más de 900 millones de pesos no sólo se trata de una cifra alta, también representa el 60 por ciento de su presupuesto total, demasiado para tratarse de un solo rubro.
A partir de los terremotos ocurridos en Haití, Chile y Japón se ha levantado un debate sobre la capacidad de México de responder ante un desastre de iguales o mayores proporciones. La memoria del terremoto de 1985 sigue fresca, aunque no así las medidas que deberíamos tomar como preparación ante un sismo de gran escala. Por si esto fuera poco, con la Cruz Roja enfocando la mayoría de sus recursos en accidentes viales, el panorama se ve bastante negro en lo que a terremotos se refiere.










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