Todos, en algún momento, moriremos ¿has platicado con tus allegados la posibilidad de que tus órganos sean donados una vez que hayas fallecido? Y si estuviera en tu fuero ¿Donarías los órganos de un familiar diagnosticado con muerte cerebral?

La decisión no es fácil, especialmente porque suele presentarse en un momento amargo y requiere una respuesta la mayoría de las veces inmediata. Aunado a ello, en nuestra cultura, la donación de órganos es un tema delicado, que apenas se viene discutiendo desde hace una década sin haber alcanzado una sensibilización plena entre la población. Sin embargo, casos como el de Guadalupe Pérez Carreón y su familia demuestran que dar vida después de la vida es posible.

Guadalupe Pérez Carreón tenía 22 años al momento que un taxi la atropelló, provocándole muerte cerebral. Su hermana, Flor María, tuvo que afrontar la decisión de donar o no los órganos de Guadalupe, quien en vida había reiterado su decisión de donar sus órganos, a pesar del desconcierto que la mera idea causaba entre sus familiares. A pesar de tener "sentimientos encontrados" al momento de autorizar la donación de los órganos de su hermana, Flor María respetó la decisión de Guadalupe:

No me acuerdo si la doctora Portillo (coordinadora de donación en la benemérita institución) me preguntó qué quería donar, pero le dije: ‘dono todo lo que sirva de mi hermana’. Pensé que si ella había sido una luz, podría seguir dando vida.

Del cuerpo de Guadalupe lograron rescatar corazón, riñones, hígado, córneas, piel, los huesos de sus piernas y los antebrazos, mismos que fueron trasplantados a un niña de trece años que había perdido sus extremidades debido a una descarga eléctrica. A manera de homenaje, se le entregó a la familia Pérez Carreón un reconocimiento por parte del Consejo Estatal de Trasplantes (Coetra) del estado de México.

En México, las cifras de donaciones cadavéricas son de 10 por cada millón de habitantes, una cifra que aún es baja y nos coloca con entre diez y doce años de atraso respecto a países como España, el líder en trasplantes de órganos cadavéricos. Sin embargo, México se distingue por el alto número de donaciones entre personas vivas. Se estima que el 75% de los transplantes de hígado responden a este esquema, siendo por lo general familiares del enfermo quienes deciden ser sus donadores.

El coordinador de Trasplantes del Centro Médico 20 de Noviembre del ISSSTE, Baltazar Martínez Navarrete, señaló que en nuestro país ha sido difícil implementar un cultura de la donación de órganos:

La gente se siente sorprendida, pero deberíamos saber que estas peticiones llegan en un momento de duelo. Son actos inesperados: un accidente de tránsito que provoca un traumatismo craneoencefálico, una enfermedad vascular cerebral (infarto) que si afecta a todo el sistema nervioso central provoca muerte encefálica.

Los casos de muerte cerebral son los más difíciles, pues aunque el paciente aún presenta signos vitales --como latidos del corazón-- en su cerebro no se registra actividad cerebral. Tras el fallecimiento, las siguientes 24 y 48 horas posteriores son fundamentales para los procedimientos quirúrgicos, por lo que la decisión de los familiares debe ser rápida y oportuna.

Reflexionar personalmente y discutir el tema con la familia y allegados es una buena forma de ir propiciando esta cultura de la donación, la cual, en algún momento, puede beneficiarnos, a nosotros o algún pariente que por angas o mangas necesite un órgano para continuar su vida.

Imagen: RadioContempo Magazine