Si no se han dado una vuelta por la Feria de las Culturas Amigas, en Paseo de la Reforma, háganlo ya. Es una orden. Ya sea para aprender de otras culturas, apoyar a los damnificados japoneses, ir de shopping alternativo, comer hasta el cansancio delicias de todos los rincones del mundo, viajar por todo el mundo en unas horas o simplemente pasar el rato; esta feria asegura un buen rato a quién la visite. En lo particular, aproveché para deleitarme con la corrección política de la disposición de los espacios: Israel fue clasificado como país europeo –y convenientemente separado de los países de Medio Oriente por unos cientos de metros-, mientras que Corea del Norte se sitúa lejos de sus vecinos asiáticos, y más lejos aún del stand de Estados Unidos.

Pero mientras lo hagan, quisiera que pensaran sobre algo más que el increíble sabor de su arepa -o chocolate belga, o cerveza alemana-. Al promover esta clase de eventos, ¿se margina a sectores más necesitados de nuestro propio país? Yo no lo creo, y para nada me había planteado este problema, hasta que leí la queja de una mujer indígena respecto a este tema.

Sebastiana Martín San Juan es de origen otomí y se dedica a fabricar y vender prendas hechas de fibra de maguey. Desde que la feria comenzó, ella buscó vender sus productos sobre Reforma, cerca de los stands oficiales. Naturalmente, al no contar con un permiso oficial, ni ser parte del evento, fue retirada por policías de la zona:

Ayuda a otros países y nosotros qué. Que nos lleve la fregada. Estamos muy necesitados económicamente… y en el caso mío que son productos auténticos, no me permiten vender en vía pública. Me corretean. Los policías me corren.

En realidad, la cuestión no es si en este caso se privilegia a otros países encima de los intereses de mexicanos marginados, la Feria de las Culturas Amigas es un evento de promoción cultural, no tiene como fin principal el lucrar y para nada se compara con ofrecer mayores incentivos fiscales a empresas extranjeras en perjuicio de la industria mexicana. Sin embargo, nos alerta sobre la percepción de los indígenas respecto a sus propias dificultades.

¿Ver hacia afuera o solucionar los problemas de adentro? Esto no se puede reducir a un proteccionismo total con el fin de desarrollar la pequeña o mediana industria mexicana, eso rayaría en lo absurdo. Podemos ser prósperos y ver hacia afuera al mismo tiempo.

En este caso, una mayor promoción a la riqueza cultural de los indígenas mexicanos es una buena forma de empezar. Si, mayor. Ya existen programas de impulso al artesano, pero a veces dichas oportunidades son desconocidas por aquellos que más las necesitan. Una mayor divulgación a los diferentes programas de apoyo a artesanos indígenas y facilidades al momento de solicitar permisos –y hasta una oficina que ofrezca asesorías- podrían ser una opción viable para comenzar a solucionar este problema.

Imagen: Eneas