Ya en varias ocasiones he comentado que esta famosa guerra contra el narco (que en realidad es combate al crimen organizado) nos está dejando muchas cosas malas y entre todo lo malo, las afectaciones a los niños que la están viviendo.

Sería poco congruente si les digo que los niños de clase media y alta lo sufren. No, ellos viven protegidos por su familia y afortunadamente de la guerra sólo viven lo que ven en las noticias... y creo con eso es suficiente.

Cuando hablo de niños que viven la guerra me refiero a los niños que viven en colonias de muy bajos recursos y a los que habitan en toda la frontera norte de nuestro país. Es conocido por muchos que en esas colonias es donde más poder del narco hay, por eso su futuro es enfrentarse en contra de ellos o unírseles y muchos podemos adivinar el resultado de enfrentarlos.

Podemos hablar por ejemplo de Monterrey y su colonia Independencia. Basta con mirar por afuera para saber que las ilusiones en ese lugar huelen a pólvora, broncas, terror y hasta muerte. Creciendo con la idea de que ser narco es tener una vida, los niños que viven en guerra tienen casi nulas posibilidades de cambiar su destino. Pero ¿cómo podemos cambiar el panorama? Creo que por medio de organizaciones civiles dispuestas a trabajar por la infancia en el país.

Es terrible saber que en esos territorios, Tamaulipas, Cd Juárez, Monterrey, los niños saben que quién gobierna no es la ley, sino los zetas. Donde viven no hay reglas, tampoco llegan las oraciones o la esperanza de que todo cambiará; de vez en cuando el ejército se aparece para tranquilizar las aguas pero al irse, todo vuelve a la normalidad. Por eso, en zonas de alto peligro para la población y sobre todo para los niños, instituciones como Save the Children han logrado programas y medidas que mejoraran la seguridad de los niños pero que sobre todo, permitirán entrar un rayito de sol para todos aquellos que creían que no había más opción.

No es novedad saber que estos pequeños al escuchar un mofle de un auto o quizá los fuegos artificiales de una Iglesia se echan al piso o se espantan pues la psicosis ya es mucha y la vivimos hasta los mayores que hemos estado presentes en este clima de violencia. Save the Children tiene una función primordial en todas estas "zonas rojas": dar confianza, llevar un poco de paz y hacerles saber a los pequeños ya sus padres, que se pueden mantener alejados del mal clima de vida si conservan la esperanza y no pierden las ganas de seguir luchando, aunque sea una tarea titánica.

Los talleres y en actividades suelen ser el medio: ecología, derechos humanos, adicciones, vocación profesional, proyectos de vida y aunque uno no lo quiera, la violencia y las armas siempre aparecerán como una opción pero es obligación de los grandes poder explicarles a detalle el porqué esa decisión no es una opción saludable para sus vidas. Y entonces preguntamos ¿hasta cuando tendremos que acostumbrar a nuestros niños a vivir entre zetas y el ejército? ¿entre balaceras y muertes? ¿entre poca esperanza para el futuro y las oportunidades que se les están negando?

Yo creo que es momento justo de actuar. Una marcha, una demanda, una donación o simplemente no quedándonos callados para esperar que todo pase.

Imagen: GZeroDTO

Perla Cristal Gomez

Comunicadora, amante de las mascotas. Encargada de divulgación en una sociedad protectora de animales y ñoña profesional. Más artículos del autor »