Muchas veces nosotros somos el problema

Criticamos mucho la guerra contra el narcotráfico emprendida por Felipe Calderón. Y sí, es cierto que la estrategia utilizada en el combate al crimen organizado no es la más apropiada y los resultados que ha arrojado están lejos de lo deseado. Sin embargo, parte de la culpa la tenemos nosotros, como ciudadanos. Esto se ve reflejado en que el Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno de 2010 arroje que 16 Estados se hayan quedado en el mismo nivel de corrupción respecto a 2007 o incluso hayan empeorado.

El estudio fue realizado por Transparencia Mexicana, organización no gubernamental que busca medir la frecuencia con que los ciudadanos caen en actos de corrupción, encuestando a 15mil 326 hogares sobre situaciones en las que dieron “mordida”. Transparencia Mexicana estima que en 2010 se presentaron 200 millones de casos de corrupción en México, repartidos principalmente en actividades como infracciones de tránsito, dinero para lavacarros o cuidacoches y transacciones relacionadas con el corralón.

Guerrero fue una de las entidades federativas que destacaron en el estudio, al pasar de 8 a 16 sobornos en cada 100 trámites o petición de servicios públicos, lo que representa el doble de casos de corrupción en un periodo de tres años. Por su parte, en Oaxaca el aumento fue ligeramente mayor al doble, pues en 2007 hubo 6.4 puntos en el índice de casos de corrupción, mientras que en el 2010 se presentó un aumento hasta 13.4 puntos. En el lado positivo, los estados que lograron una mayor reducción en los niveles de soborno fueron Baja California Sur, Yucatán, Durango y Morelos.

Además de culpar las carencias que ha mostrado el Gobierno Federal, debemos cuestionarnos a nosotros mismos si estamos haciendo algo mal. Acciones tan “simples” como estacionarnos en línea amarilla nadamás tantito o darle al policía de tránsito pa’ los chescos constituyen el núcleo de la corrupción. Visto de otra manera, según el argumento de Heriberto Yépez, en el diario Milenio: sin consumidores, no habría mercado para la droga, por ende, tampoco narcotráfico. Así que, ya se trate de corrupción o de narcotráfico, en cierta forma nosotros somos la raíz del problema, dejando a un lado al Gobierno.

Imagen: Alejandro Tarre