Parece que hemos iniciado un momento de degradación como sociedad. Nos horroriza la sangre fría de los sicarios, narcos y militares coludidos con el crimen organizado que quitan vidas a diestra y siniestra, con lujo de tortura. Sin embargo, esta nota pone en realce que ése no es el único fenómeno que indica lo poco que ahora nos importa una vida, ya ni digamos la dignidad de otro ser humano.

El fenómeno del sexting --en el que nuestro país es líder mundial-- encontró un terrible aliado en el bullying. Gracias a que una amiga le mostró un video que llevaba días circulando en su escuela, de celular a celular, una alumna de bachillerato en la Ciudad de México descubrió que fue víctima de una violación tumultuaria, perpetrada y filmada por sus compañeros de clase mientras ella estaba inconsciente.

Los hechos sucedieron el 15 de abril, durante la fiesta de una de sus compañeras, tras la cual se desplazaron a seguirla a la casa de dos de los siete criminales. La víctima, quien esa noche bebió tres botellas de tequila, quedó inconsciente al arribar al segundo domicilio, recordando únicamente haber despertado al otro día sin ropa interior y rodeada de varios hombres. Los violadores, no conformes con abusar de ella, videograbaron y distribuyeron el hecho entre los compañeros de su escuela. Juana Camila Bautista, fiscal de Delitos Sexuales de la Procuraduría General de Justicia en el DF mencionó durante una entrevista que:

El video estaba circulando entre los chicos de la escuela, lo mandaban de celular en celular. Esa es la modalidad de sexting. Está fortísimo, fortísimo ese video, es estremecedor. Ella se observa de manera inconsciente y se observa claramente cómo los chicos la violan”.

Este deshonroso video está sirviendo como prueba en contra de los siete criminales, de los cuales sólo dos son mayores de edad, Eduardo Leopoldo Popoca Vázquez, de 19 años, y Adán Chávez Rodríguez, de 24 años. El caso es para pensarse. Dejemos de lado por un momento lo retorcida que debe estar la mente de estos adolescentes que perpetraron el hecho y concentrémonos en los compañeros que celebraron la "proeza" de sus compañeros retransmitiendo el video. Dice un dicho popular que tan culpable es quien mata a la vaca, como quien le agarra la pata, y en este caso, todos ellos son cómplices silenciosos, pues ninguno denunció el hecho, al contrario, por si la humillación de haber sido violada no fuera suficiente, ésta fue multiplicada por toda la escuela.

El silencio de todos estos muchachos, adolescentes que llamamos descaradamente "el futuro de México", pone de manifiesto que en nuestra cultura (o en parte de ella) abusar de una mujer es algo chido que merece compartirse, verse una y otra vez, sin importar que ella --a la que veían todos los días, con la que comparten aula, de la que saben nombre e incluso dónde vive-- fuera lastimada de una manera tan grotesca, por una parvada de buitres, de animales carroñeros. ¿Cómo le habrán hecho para verla a los ojos? Y lo peor, no faltará quien dirá al respecto que ella se lo tiene bien merecido por haberse emborrachado, por comportarse o vestirse de tal o cual forma. Porque parece que en nuestra sociedad actual, la mujer debe utilizar una burka para esconder su cuerpo y no incitar al hombre que, si se prende tiene derecho a darle el consabido y celebrado arrimón en el transporte público; o que si se emborracha --como seguramente muchos lo hemos hecho-- propicia que abusen de ella.

Este caso demuestra cómo somos una sociedad súmamente tolerante, pero sólo con la injusticia. Todos esos alumnos que retransmitieron el video, que lo compartieron --imagino-- entre risitas y comentarios soeces que afirmaban que "ella se lo merecía", son tan ruines y dignos de asco moral como los perpetradores de esta bajeza, que se sintieron tan confiados de que nada les iba a pasar que se atrevieron a grabarlo --como un trofeo, como una medalla de guerra-- y a compartirlo para que sus reducidos egos de gallito de pelea se hincharan como pechos de paloma. Algo está podrido en nuestra cultura, y está al interior de ella misma.

Imagen: Noticias 24

Ismael Flores

Mexicano, 27 años, egresado de la maestría en Letras Iberoamericanas. Actualmente se desempeña como freelancer editorial y el novio que tu mamá odiaría tuvieras. Más artículos del autor »