Este jueves 24, muchos mexicanos presenciaron una reunión calificada como histórica. Javier Sicilia, líder del Movimiento por la Paz y la Dignidad, se reunió con el presidente Felipe Calderón, para exigirle un cambio de estrategia de seguridad nacional, así como demandarle la solución de cientos de casos de desaparecidos y fallecidos por la Guerra contra el Narcotráfico. En esta edición de Vivir México Opina, nuestros editores Hugo Torres e Ismael Flores dan sus impresiones sobre este diálogo:

Hugo Torres: “Se debe exigir a la instancia correspondiente, no sólo a Calderón”

El Diálogo por la Paz me dejó sentimientos encontrados. Por un lado, se me hizo lamentable la desinformación que tienen los líderes de este movimiento y el desconocimiento sobre a quién se debe exigir que cumpla sus deberes. Hubo quejas de casos que corresponden a instancias estatales, quejas de impunidad y/o corrupción de jueces estatales y federales, incluso quejas porque estos no hacen “justicia”. Si, entre comillas. Recordemos que el Gobierno mexicano se divide en tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial; y que la federación se divide en 31 estados que son libres y autónomos. No se le puede reclamar a Calderón que el gobierno de Oaxaca no les ha dado respuestas sobre un determinada denuncia o que determinado juez no los han llamado para decirles de qué va el caso.

Ante esto, me gustó cómo Calderón fue sincero y claro en dar a entender que él no puede decidir a quien meter a la cárcel y a quién no. Incluso dejó entrever que su gobierno se ha visto afectado por las decisiones de los jueces; dejando entrever lo sucedido con la liberación de los funcionarios públicos en el llamado michoacanazo.

Sí. Ya sé, en papeles manuscritos, que no tienen valor probatorio pleno. Ya lo sé. Ya me sé, perdónenme la expresión, la cantaleta de los jueces. Pero yo sé que están en la nómina, yo sé cuánto reciben. […] He sabido, por ejemplo, de jueces que han recibido dinero o que dialogan con criminales, y que liberan a criminales; pero mientras yo no tenga una prueba, o la procuradora no tenga una prueba, ese juez es juez y ese ciudadano es ciudadano; y es además es inocente.

Pero creo que hubo logros. Entre el mar de quejas personales hubo propuestas. Y hubo testimonios que demostraron que gran parte del problema es la burocracia que existe en la PGR y la poca importancia que se le da a los casos que no conciernen a una familia importante del país. Si eres un ciudadano “del montón” (disculpen si ofendo con la expresión) como tú y como yo, simplemente no se le da un seguimiento adecuado a las denuncias. Ahí si no tuvo nada que objetar ni el presidente ni ninguno de los secretarios que lo acompañaron. Solo aceptar la realidad de las instituciones que manejan. También se me hizo rescatable la petición de Sicilia para volverse a reunir en tres meses para analizar los avances que se vayan teniendo.

Una felicitación a Sicilia, ciudadanos como el necesita el país. Eso sí, haciendo sus denuncias a la instancia del gobierno correspondiente. Culpar de todo a Calderón, incluso sobre la impunidad en otros niveles del gobierno es algo que, para mi gusto, lo hace perder credibilidad.

Ismael Flores: “Un hito histórico, pero sin garantías de cambio de rumbo”

Suscribo plenamente lo que Hugo Torres escribió ayer en la introducción a su post “Las frases del ‘Diálogo por la paz’”. Por un lado este evento marca un hito histórico en la amplia trayectoria de los movimientos de la sociedad civil mexicana, por el otro, no hay garantías de que esta acción se materialice en un cambio de rumbo por parte del Gobierno Federal. Creo que es imposible —e impertinente— jugarle al adivino y lanzar augurios entrevistos en las entrañas de una paloma. Sin embargo, creo que sí nos incumbe reflexionar en torno a las problemáticas que puede enfrentar un movimiento incluyente como el que encabeza Javier Sicilia, pues no es el primer movimiento de este tipo en nuestro país. ¿Alguien aún recuerda a la Otra campaña?

A diferencia de los movimientos armados, de las guerrillas clásicas, los movimientos incluyentes buscan incidir en las políticas gubernamentales a través de la unión de grupos afectados y la demanda pacífica. Sin embargo, este articular diferentes causas enfrenta la enorme dificultad de unir intereses particulares; es decir, ponerse de acuerdo, elegir pautas y políticas claras a seguir, suprimir protagonismos, etcétera. Quienes tengan alguna experiencia participando en organizaciones de la sociedad civil, podrán darme la razón de la dificultad que implica esta acción, a primera vista tan sencilla. Pero de lograrse esta comunión de intereses —también en esto deberán darme la razón—, la debilidad se convierte en fortaleza.

Ahora, Javier Sicilia se ha convertido en el punto de unión de este movimiento, en el líder carismático que da la cara por todo un grupo de personas. Como país, nuestra historia señala cómo del fanatismo se pasa al repudio. ¿Muchos no apostaban la vida por Fox? ¿No se la jugaba después por el Peje? ¿No tenían fe ciega en Marcos? Y al final, el grueso de la población cambió —justa o injustamente— de opinión. Y retomo la figura de Marcos. La Otra campaña sigue, los caracoles zapatistas continúan como ellos lo han manifestado, en silencio y dándole la espalda al mundo. El Subcomandante Marcos se convirtió en la efigie del movimiento y, cuando quiso retroceder —no por un cambio de ideales, sino para que no se perdiera de vista que se trata de un grupo, de una comunión de intereses, de algo más allá de un líder carismático—, el grueso de la población le dio la espalda y el movimiento perdió la fuerza arrolladora que tuvo en un momento. El zapatismo sigue vivo, y eso es un hecho. Pero para el ciudadano de a pie, del centro y norte del país (incluso del sur), ya es sólo una leyenda. Este mismo problema podría enfrentar el movimiento que, hasta ahora, ha encabezado Javier Sicilia. El movimiento —y lo han dejado claro— no es únicamente Javier Sicialia; líderes sociales que llevan años trabajando, otras víctimas directas e indirectas están ahí, incluso líderes de distintos ámbitos. Sin embargo, hasta ahora la cara ha sido Sicilia y como tal, sus acciones son tomadas como la voluntad del movimiento, cuando detrás hay otras voluntades. Lograr ampliar ante la ciudadanía la imagen de que el movimiento es más que una persona es algo que hasta ahora no se ha logrado y que creo, es necesario para que mantenga su vitalidad.

Lograr salir de las primeras planas, de las marchas y mítines para convertirse en una presencia visible, en la calles, con acciones que le lleguen al ciudadano de a pie —a nosotros— también lo creo fundamental. Caravanas y actos políticos sirven y son necesarios, pero también acciones concretas que nos impelen a nosotros, que nos hagan partícipes a todos, donde se puede sentir que realmente estamos haciendo algo son necesarias y, hasta ahora, tampoco han sido vistas por algún movimiento en específico. Sistemas de protección ciudadana, campañas para retomar el sentido de comunidad e, incluso, acciones para restablecer nuestro tejido social en todos los niveles pueden ser útiles para este fin.

Este movimiento ha infundido esperanza, la cual, cuando se pierde, se pierde todo. Mantener viva esta llama, replicarla, creo, podría ser una acción que asegure la permanencia de este movimiento.

Imágenes: Latin America News Dispatch y Terra