
Malentendidos culturales. A pesar de que llevamos sendo rato lidiando con todos los asuntos derivados de la mundialización, el diálogo entre culturas parece limitarse únicamente a intercambios de folclor. Prueba de ello lo da el caso de la pareja Mejía-Almaraz, quienes acusados de maltrato infantil por lo profesores del colegio al que asistían sus dos hijas en Pensylvania —de cuatro y ocho años de edad—, tuvieron que separarse de ellas tras ser deportados y llevar un juicio a distancia, auxiliándose de viodeoconferencias —vía Skype— y abogados tanto en México como en Estados Unidos. La familia se reunió ayer después de dos años, sentando un precedente para futuros casos similares al de ellos. Que, por desgracia, no son pocos.
Gustavo García, abogado de la padres en México, refirió que son cientos los casos que, como el de ellos, se ven complicados por los altos costos que implica llevar un juicio a distancia. El costo estimado que tienen las grabaciones utilizadas tradicionalmente en las cortes norteamericanas van de los 300 a los 500 dólares la hora; una cifra demasiado elevada para quienes acaban de ser deportados y deben iniciar —una vez más— su vida en la tierra que otrora dejaran en busca de oportunidades laborales. Sin mencionar, claro, la imposibilidad de asistir de manera presencial a los juicios debido a las enormes dificultades que, tras su deportación, tienen para conseguir una visa. Por ello, en este caso, la abogada estadounidense Deirdre Agnew persuadió a la corte del condado de Chester, Pensylvania, para que permitiera el testimonio de los padres vía Skype.
Ashanty y Ashley, las hijas de esta pareja, nacieron en Estados Unidos, por lo que tras las acusaciones de sus maestros —y la consecuente deportación de sus padres—, fueron enviadas en 2009 a un albergue temporal en Filadelfia, donde de no haber sido resuelto el caso, habrían sido puestas en adopción. El matrimonio Mejía-Almaraz se vio indefenso ante las acusaciones de maltrato físico levantadas por los maestros debido a su desconocimiento de la ley norteamericana y su condición de migrantes, situaciones que los vulneraban ante los tribunales estadounidenses, pues a pesar de que recibieron los citatorios para declarar a su favor, ninguno de los dos se presentó a la corte por miedo a ser deportados y perder la vida que allá habían construido.
La corte, tras el juicio a distancia, no encontró ninguna prueba en contra de Alfonso Mejía, a quien se le acusaba de maltrato físico contra las niñas, hijas de Margarita Almaraz y una pareja anterior. La corte declaró que los cargos se fundaron en malentendidos culturales que afectaron la apreciación de los maestros, quienes debieron interpretar situaciones propias de nuestra cultura —las cuales no se detallan— bajo la óptica de la suya. Durante estos dos años, la pareja Mejía-Almaraz tuvo que probar ante la corte norteamericana que cumplían con todos los requisitos para ser padres, logrando que las autoridades del estado de Pensylvania les devolvieran a sus hijas, quienes —como ya se mencionó antes— arribaron ayer a la Ciudad de México.
En casos como éste, parece que las dinámicas sociales y los avances tecnológicos mutan más rápido de lo que las leyes y el entendimiento humano. A pesar de que ahora es más fácil, rápido y económico comunicarse a otras partes del mundo, entendernos entre culturas y legislaciones parece más complicado que en los tiempos que le siguieron a la caída de la Torre de Babel. Más allá de la utopía de un “mundo sin fronteras” parece recrudecerse la polarización entre quienes tienen fácil acceso a la justicia y quiénes no.
Imagen: MSN Latino










Pero no entendí, ¿Cuál fue el malentendido cultural?
Nos quedamos con la incognita…
A todos nos dejaron con esa duda.
Parece ser que el “maltrato” como lo entienden los gringos, o la palabra maltrato, es diferente a como lo usaron las niñas. Supongo un ejem: El padre regaña a la hija, la hija llora y piensa que su padre, la maltrató. Lo cometa en la escuela, los maestros piensan que la niña fue golpeada o humillada, y reportan a los padres por maltrato. Por allí está el asunto. Para nosotros eso “de vuelvo en 2 segundos” significa x tiempo. Para los gringos 2 segundos, son 2 segundos. O “Nos vemos a las 5 de la tarde” y ya sabemos que eso no será. En fin.