Cuando los arqueólogos mexicanos hacen descubrimientos importantes en territorio nacional es un orgullo. Y es que nuestro país se presta para este tipo de hallazgos, desde nuevos descubrimientos en Yucatán, hasta robots de última generación paseando por la antigua Teotihuacán, no hay nada que nuestros arqueólogos no encuentren. Ya sean restos de soldados estadounidenses (de 1846, no del año pasado), tumbas milenarias u ofrendas mayas; no hay nada que nuestros universitarios y arqueólogos del INAH no puedan desenterrar, descifrar, o restaurar.

Sabemos que el metro del Distrito Federal es la excavación arqueológica más grande del país, pero a veces se necesita más para mantener la curiosidad del arqueólogo ocupada. Ya tenemos un grupo de arqueólogos en Egipto, trabajando en la excavación TT39 (Tumba Tebana 39), en Tebas. Después de un trabajo de más de seis años, el grupo de arqueólogos mexicanos liderados por Gabriela Arrache, el grupo logró rescatar la única tumba egipcia completamente restaurada y abierta al público.
En las palabras de la misma Arrache:
Hasta antes de estos trabajos y hallazgos, a los mexicanos nos veían en aquel país con sombrero de palma montados en un burro y nosotros los concebíamos como individuos montados en camellos. Ahora la arqueología ha ganado prestigio y México empieza a ser reconocido.
No muy lejos, en Israel, Marcela Zapata, de la Universidad Anáhuac México Sur, y el doctor Luis Barba, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, lideran el Proyecto Magadala, al norte de ese país. Este proyecto busca reconstruir la ciudad de la cual fue originaria María Magdalena, uno de los personajes más polémicos de la historia bíblica. Además de la importancia histórica, este proyecto representa una oportunidad única para realizar excavaciones desde cero en un lugar poco explorado con anterioridad:
Este pueblo de Magdala es la última oportunidad que tenemos de conocer un pueblo de la región de Galilea de la época de Jesús. Todos los demás pueblos que había en aquel entonces desaparecieron, fueron ya urbanizados y ya no hay posibilidad de hacer arqueología en lo más mínimo.
El avance ha sido tal, que desde julio del año pasado se han recuperado más de tres mil bolsas que contienen urnas funerarias de vidrio, y monedas de la época, entre otras cosas. A partir de este año, las cosas se pusieron más interesantes aún. El equipo de arqueólogos encontró un mosaico de cuatro por cuatro metros, en forma de roseta con ocho pétalos en blanco y negro y una “mikva” o alberca utilizada para baños rituales de purificación antes de acceder a las sinagogas. La “mikva” rescatada es de 3.5 metros de profundidad tiene siete escalones que, según los arqueólogos, podrían representar cada uno de los siete días de la creación del mundo.Según Zapata:
Son hallazgos pequeños pero que nos ayudan a entender la grandeza de este pueblo. Después del año 60, cuando llegan los romanos rumbo a Jerusalén, los habitantes del pueblo comienzan a moverse hacia el sur de Magdala, llevándose sus cosas, eso explica porque no se han localizado muchos objetos en el sitio. La traza, la cerámica, todo nos indica que estamos hablando de un pueblo del siglo I y no tenemos indicios de ocupaciones posteriores.
Es en base a esta última afirmación que los investigadores se atreven a adelantar que esta ciudad fue abandona, y no destruida a causa de una guerra, como por mucho tiempos e pensó.










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